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Mucho puede decirse de la calidad narrativa y descriptiva de Julio “El Porteño” Jarquín, sin embargo lo que también caracterizó a este veterano narrador fue su profesionalismo detrás del micrófono, que le permitió tejer una gran reputación entre los oyentes y los colegas.
“El Porteño”, como simplemente se le conocía, supo construir una carrera sólida, que le permitió trabajar no solamente en una emisora, sino en muchas de Nicaragua y Panamá debido a esa calidad que los dueños de estaciones radiales quisieron contratar para reforzar sus equipos de transmisiones de béisbol o boxeo, sus fuertes.
A continuación, el punto de vista de algunos de sus compañeros, que vivieron momentos buenos y malos a su lado.
Pepe Ruiz, locutor de Radio Nicaragua:
“Tengo más de treinta años de andar en la locución, conocí muchas voces porque me inicié en la etapa de las radionovelas, y no tengo duda en señalar que ‘El Porteño’ era la mejor voz de la actualidad. Hemos tenidos grandes narradores a lo largo de los años con José Castillo Osejo y Armando Proveedor en boxeo, Sucre Frech en béisbol, pero después de Sucre ubico al ‘Porteño’, porque fue un profesional en todo el sentido de la palabra… Su muerte es una pérdida irreparable”.
Carlos Reyes, de La Primerísima:
“Trabajé 10 años con el Porteño y en muchas ocasiones fue bastante frontal. Siempre exigió disciplina de la gente que trabajó a su lado, no le gustaba el relajo, lo caracterizó la seriedad, puntualidad y dedicación. En medio de las limitaciones hizo muchas cosas que algunos no lo hacemos ahora, especialmente porque invirtió en su futuro, gastando en pasajes, comida y hotel para estar presentes en eventos en el extranjero al lado de locutores de fama. Sin duda, era el mejor locutor del momento pues describía muy bien con una voz clara, diáfana y emotiva”.
Evelio Areas Mendoza, de Radio 800:
“El Porteño, además de ser un narrador con una voz prodigiosa, tenía una gran calidad profesional que se imponía. Tenía mucha responsabilidad en llegar temprano a los juegos, andaba con todo el material para la anotación de los juegos. Era un enamorado de la narración deportiva, empezó narrando imaginariamente con un embudo en el patio de su casa en Puerto Cabezas, y cuando vino a Managua abandonó su antiguo trabajo de mecánico dental para trabajar en cuerpo y alma en la locución. Acompañé al ‘Porteño’ hasta sus últimos días, y siempre traté de motivarlo a seguir adelante”.