Una luz al final del túnel

Julio Ruiz Quezada*

He estado escuchando, viendo y leyendo el debate que se ha suscitado entre los liberales de Arnoldo y los sandinistas de Daniel, por el descubrimiento de una fosa común ubicada en lo que se llama la Zona Franca, que todos los nicaragüenses supimos que se convirtió en cárcel especialmente de reos políticos, durante la era sandinista. Nadie niega la existencia de la fosa común y todo el mundo sabe que además de esa existen quizás decenas de fosas comunes en toda Nicaragua.

El debate se centra entre sandinistas y liberales, por el momento electoral en que se hace público el descubrimiento, desde luego no somos tan ingenuos para creer que en este asunto no existan motivaciones políticas. Estamos en una vitrina donde se expone la realidad de sandinistas y liberales ante el pueblo de Nicaragua, ya que por su parte los sandinistas que no pueden achacar crímenes políticos al gobierno de Alemán, lo hacen responsable de la corrupción, culpable en gran parte de la pobreza extrema que sufre especialmente el pueblo campesino.

Esto es como una cadena sinfín, una cosa trae a la otra, la dictadura sangrienta y corrupta de la dinastía Somoza trajo como consecuencia la rebelión del pueblo todo, que acabó con la dictadura, pero que entregó el poder a una camarilla marxistoide que fue más sangrienta que la dictadura que derrocó y que sirvió de cabeza de playa al marxismo internacional, destruyendo la economía del país a niveles tan grandes que su recuperación es casi imposible.

El sandinismo despertó interés mundial porque se enunció como una revolución diferente, todos los documentos emitidos por la Junta de Gobierno que se creó en Costa Rica en 1979, nos anunciaban una era de paz, libertad y respeto pleno a todas las libertades públicas, eso engañó a la propia OEA, que se volvió intervencionista en la décima séptima reunión de cancilleres y prácticamente ordenó a sus miembros que rompieran relaciones con el gobierno de Anastasio Somoza, lo que aceleró la caída de la dictadura.

Dos actitudes de los sandinistas emocionaron al mundo: la implementación inmediata de una campaña de alfabetización, que imitó la realizada por Fidel Castro al llegar al poder en Cuba; y la proscripción del “paredón de fusilamiento”, que la diferenciaba. La verdad es que ni la una ni la otra fueron ciertas, el paredón de fusilamiento existió y fue peor que el de Cuba, por lo menos en la ínsula de Fidel hubo remedos de juicios y de condena, en Nicaragua se fusiló desde que se inició el movimiento armado el 5 de junio de 1979. Los llamados “muchachos” traían listas de militares, informadores o simplemente políticos somocistas que fueron pasados por las armas sin existir forma ni figura de juicio. Con respecto a la campaña de alfabetización, fue más política que educativa, se indoctrinó a nuestra juventud para que sirvieran de multiplicadores del socialismo ante la clase campesina. Es célebre la frase del ex rector y primer ministro de Educación de la revolución cuando al despedir a los “batallones de alfabetización” les dijo: “Esta es una campaña política con ribetes educacionales”.

Cuando el pueblo de Nicaragua y los pueblos del mundo despertaron a la realidad ya estaba consolidada la férrea dictadura marxistoide y el pueblo de Nicaragua estaba enfrascado en una sangrienta guerra civil cuyos resultados todavía padecemos.

Sandinistas y liberales otra vez como en 1996 han logrado polarizar la campaña. Tal como quedó estipulado en el pacto, existen dos partidos mayoritarios que se disputan el poder, se consiguió que los nicaragüenses sean arnoldistas o antiarnoldistas, sandinistas o antisandinistas… la mayoría ignora que esa polarización pone en riesgo el futuro del país.

Siendo que el Partido Conservador logró salvar todos los obstáculos y aparecerá como tercer partido en la papeleta electoral, la única luz al final del túnel es que se logre elegir una Asamblea Legislativa con tres fuerzas, para que la tercera sea independiente y pueda impedir que vuelva a surgir una nueva dictadura roja o rojinegra, que culmine tarde o temprano en una nueva guerra civil que nos llene de sangre y de luto.

* El autor es directivo conservador.  

Editorial
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