Sin lástima y con deber

Douglas [email protected]

En un semáforo me dieron una papeleta del Ministerio de la Familia, invitando a los ciudadanos a ser parte de la solución y no del problema, en relación con los niños que piden dinero en las intersecciones de Managua o limpian los vidrios de los automóviles, a cambio de una moneda.

Mifamilia propone que dejemos de darle dinero a esos niños de los semáforos, porque con esas “ayudas” estamos contribuyendo a que sean pobres por el resto de su vida, y sería mejor colaborar para que vayan a una escuela.

Esa sugerencia me hizo preguntarme, entre otras cosas, por qué hemos dado dinero a esos niños. Lo más probable es que por lástima. Cuando vemos escenas de mucha pobreza, niños o niñas cargando bebés, sus hermanitos menores, bajo el sol o la lluvia, solemos sentir compasión y tratamos de apaciguar nuestra incomodidad dándoles algo.

En realidad, lo poco que damos a los niños de los semáforos para nada puede cambiarles el futuro, si no alimentarles el hábito de seguir allí, pidiendo. A veces ni siquiera sabemos quiénes se aprovechan de esa caridad, porque he oído muchas historias de padres que mandan a sus hijos a pedir, para que les satisfagan vicios y haraganerías.

“Si le damos dinero a un niño o niña en los semáforos… lo condenamos a vivir en la pobreza para toda la vida”, dice la volante de Mifamilia. Tiene razón, y la sociedad nicaragüense en general sufrirá en el futuro las consecuencias de la descomposición que hoy se incuba en los semáforos.

Ya hay adolescentes pidiendo un córdoba, porque comenzaron niños y se acostumbraron a eso y les cuesta pensar en trabajar, menos en actividades rudas, y cuando nadie les quiere dar dinero, lo buscan delinquiendo.

En consecuencia, más niños se están involucrando en crímenes. De 1993 a 1997, la cantidad de delincuentes menores de 17 años, subió de 1.5 a 15 por ciento, según estadísticas oficiales.

De enero a agosto del año 2000, 29 menores fueron víctimas de crímenes violentos y, según la Policía, los niños de la calle contribuyeron a incrementar la tasa de criminalidad.

La prostitución infantil también ha aumentado en Managua y en otras ciudades, afectando incluso a niñas de 10 años.

Una investigación de Mifamilia señala que de 300 niños encuestados en cinco municipios, el 82 por ciento dijo que habían caído en la prostitución para cubrir necesidades básicas y comprar drogas.

Por otro lado, Casa Alianza detectó en 1998 que de 520 niños, 404 consumían drogas, incluyendo pega, y hay adultos que intercambian favores sexuales con niños de la calle por un poco de droga.

Entonces, cada vez que sintamos el impulso de hacer una “caridad” en los semáforos, pensemos un poco para qué estamos contribuyendo, dejando de lado la simple lástima.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí