Sobre la libertad y la democracia

Crisanto Sacasa

Los nicaragüenses tenemos la aspiración de forjar una patria en la que el pueblo reciba los beneficios de la democracia. Deben desaparecer los privilegios gubernamentales, corregirse las injusticias y que Nicaragua sea para todos los nicaragüenses.

La población tiene derecho a vivir decentemente y a un mejor futuro. Esto significa tener un trabajo justamente remunerado que garantice la pana del mercado en todos los hogares, junto con otros requisitos de salud, vivienda, educación y justicia. Por esto todos los nicaragüenses de buena voluntad debemos juntar esfuerzos para asegurar “El Imperio de la Libertad” que tanto hemos soñado, pero que todavía no se ha logrado. Lo peor del caso es que algunos miembros corruptos de ciertos partidos ya negociaron los futuros 10 años de la nación, protegiéndose desde sus puestos gubernamentales para hacer su gusto y antojo gozando de su inmunidad.

La administración pública debe ser sana en su próximo período, imponer seriedad, eficiencia, responsabilidad y honestidad, ayudar a la economía del país para beneficiar a las clases media y baja que tanto han sufrido en los últimos 20 años. El gobierno debe invertir bien tanto las ayudas externas como los impuestos que la ciudadanía paga, para modernizar a esta empobrecida nación. El gobierno debe distribuir la carga fiscal de manera justa, equitativa, y racional, con el propósito que contribuyan más quienes más tienen, sin importar el color político.

Como padres de familia anhelamos que desaparezca lo que pueda confundir la conciencia de la juventud o, peor aún, poner en peligro el alma y la vida de nuestros hijos o amigos. Hay que evitar el sacrificio estéril (como en los años 80) de quienes son el futuro de la nación. Los derechos ciudadanos se tienen que garantizar basados en el respeto a la libertad personal y la propiedad privada, que son la base de una patria libre, independiente y soberana. No podemos regresar a la época de cuando el sandinismo quiso someternos a sus caprichos, cuando ser joven era pecado y se ordenaban las capturas masivas en las calles aprovechándose de las fiestas populares (organizadas por el mismo gobierno sandinista) y en los propios hogares de los jóvenes.. Los jóvenes eran acorralados tratándolos peor que delincuentes, sin que hubiesen hecho nada malo, por el Servicio Militar obligatorio.

No podemos permitir que quien llegue a altas posiciones las considere medios de aprovechamiento personal, ni que confundan sus intereses personales con los del pueblo de Nicaragua. Tiene que haber honestidad administrativa y austeridad. Las autoridades deben ajustar sus procedimientos con estricto apego al espíritu y la letra de la ley, tomando en cuenta que la arbitrariedad conduce a la inconformidad y desobediencia dejando graves consecuencias para el presente y futuro de la patria. El llegar a las alturas no es ni debe de ser escudo para excesos de poder (como ciertas personas ya lo demostraron en el pasado y lo están demostrando en el presente) sino la llave de oro de la convivencia nacional.

Es obligación de todos los ciudadanos velar para que se reajusten los graves desequilibrios que se han venido dando en todos los gobiernos y recordar el daño que dejó el sandinismo y que seguimos sufriendo porque ha cogobernado en los últimos 10 años para repartirse hasta los futuros puestos gubernamentales. No podemos ser meros espectadores del drama social, es nuestra obligación velar porque las futuras generaciones tenga un mejor futuro que el que vivimos nosotros.

A través de la historia sólo los verdaderos liberales han mantenido los valores morales a pesar de persecuciones, humillaciones, y en muchos casos hasta dando sus vidas por la patria, como fue el caso del Dr. Ramiro Sacasa Guerrero, fundador del PLC. Tomando este ejemplo es que tenemos deberes que cumplir para reconstruir la República y sembrar semillas de entereza, valor y honestidad, para ver nacer un surco de donde brote una nueva Nicaragua, plena de justicia, paz, libertad y trabajo.

* El autor es nicaragüense, vive en Estados Unidos.  

Editorial
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