Situación de la Iglesia Católica

Mario Sandoval Aranda

El pueblo católico está desorientado, sin una meta política que vaya en defensa de su doctrina y de los intereses sociales y políticos de su pueblo; porque sus líderes espirituales están inhibidos de opinar públicamente sobre temas políticos. El púlpito sólo sirve para divulgar el Evangelio de amor a Dios y al prójimo. En cambio los líderes protestantes sí tienen derecho; se organizan, forman agrupaciones y hasta partidos políticos; sus líderes son diputados, forman alianzas en beneficio no del pueblo que en su inmensa mayoría es católico, sino de sus minúsculos grupos, pero grandes en poder económico y político. En sus iglesias hacen propaganda abierta a sus líderes, a sus intereses particulares y partidistas, sin que nadie diga nada. En cambio si un sacerdote da una opinión política le llueven las críticas acerbas, en forma indiscriminada, aunque vaya en bien del pueblo su acertada y sabia opinión, como sucedió recientemente con las valientes declaraciones de monseñor Silvio Fonseca, en un acto público, las cuales tildaron de injerencia en la política.

Durante la noche oscura denunciada al mundo por Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, la Iglesia Católica nicaragüense fue perseguida y ultrajada por las fuerzas represivas del sandino-comunismo, marxista-leninista, que nos reprimieron durante una década. Los sacerdotes que no comulgaban con estas ideas, víctimas del ateísmo, fueron en forma vulgar calumniados y vilipendiados, además de sufrir afrentosos destierros y crueles prisiones.

Hoy vemos que todas estas agrupaciones políticas de las sectas protestantes tienen fuertes cuotas de poder, que velan únicamente por sus intereses políticos y económicos, desvirtuando en forma flagrante la razón de ser de sus principios religiosos, olvidando las palabras de Jesucristo, cuando dijo que su reino no era de este mundo. Durante la cruel dictadura del Frente Sandinista de la década de los 80, políticos protestantes se pusieron al servicio de la tiranía frentista, para sacar provechos personales, apoyando la cruzada en contra de la Iglesia Católica, de desprestigio a sus sacerdotes; incluso apoyando la funesta doctrina de la liberación, en franca rebeldía contra la jerarquía, las autoridades eclesiásticas, igual que los apóstatas de Martín Lutero y Juan Calvino, de triste figuración en la historia de la humanidad, como renegados.

Los sacerdotes bien pueden como ciudadanos externar fuera de la iglesia su opinión política, y podrían desde el púlpito orientar a los feligreses del acontecer político mediante parábolas, explicándoles por ejemplo las diferencias entre los partidos que luchan por la igualdad, la justicia y la libertad, bases para el progreso social, que unidos fundamentan la democracia representativa, y los partidos totalitarios conculcadores de los derechos ciudadanos, como la propiedad privada, y de las libertades públicas, que a los que las reclaman los reprimen sin piedad, con sus verdugos, a través de organismos represivos de centros de tortura y muerte.

Con parábolas, como lo hacía Jesucristo, hacer la diferencia entre las personalidades de los candidatos presidenciales, haciendo parangón entre sus actuaciones pasadas y presentes, de su moralidad, honestidad, probidad, y verdaderos principios cristianos, para escoger entre el candidato que representa la luz de la aurora de la libertad y la paz social de la democracia, y quien representa la oscuridad del abismo; de las tenebrosas tinieblas del despotismo totalitario, que es la doctrina política que lamentablemente sustenta el Frente Sandinista, en franca oposición a la ideología democrática del pueblo nicaragüense, amante de la libertad.

* El autor es escritor y abogado.  

Editorial
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