La receta homeopática de Carlos Alberto Montaner

  • Quienes recomiendan recetas, deberían proponer un pacto en el cual Alemán y sus cómplices, verdaderos responsables de la posibilidad de un triunfo rojinegro, se esfumaran de la escena política de Nicaragua para dar paso a los buenos candidatos, que ya existen, y votar por sus valores, sus programas de gobierno, sus carismas y no por miedo

Josefina [email protected]

El artículo de Carlos Alberto Montaner, “Un pacto para salvar a Nicaragua”, (LA PRENSA, 11 de agosto), si bien señala muchos hechos que pueden parecer razonables no aborda adecuadamente la actual coyuntura política nicaragüense. A mi modo de ver, producto de esto, el Sr. Montaner ofrece para Nicaragua una receta homeopática, es decir, trata de curar una enfermedad con los mismos agentes que la producen.

En el artículo de referencia, se hace un llamado a las “vertientes democráticas” para forjar un pacto que impida el triunfo de los sandinistas. Ante este llamado, me parece importante traer a colación un pasaje de nuestra historia que no debe ser borrado nunca de la mente de cualquier nicaragüense que se considere un demócrata o de quienes, desde afuera, pretendan analizar la problemática nicaragüense.

Si en los años 70, después del terremoto, Somoza se hubiera esfumado del mapa político nicaragüense, no hubiésemos tenido una revolución sandinista. Nicaragua habría transitado hacia la democracia sin tener que pasar por una revolución. Este escenario se dio históricamente en países como Paraguay, Chile y la República Dominicana, con dictaduras mucho más férreas que la nicaragüense. En conclusión, si Somoza se hubiera ido a tiempo el rumbo de la historia nicaragüense hubiera sido otro.

En estos momentos, si bien no nos encontramos en una situación tan dramática como la del 79, hay factores que son muy parecidos. Tenemos una dictadura que se empeña en aparecer como legítima, que ha cercenado el derecho de muchos partidos políticos a participar en la contienda electoral del próximo 4 de noviembre; que ha excluido valiosos candidatos; que sigue reprimiendo con zancadillas políticas y maniobras legales; que ha llegado a acuerdos con los sandinistas para contaminar todas las instituciones del Estado y protegerse mutuamente de las posibles consecuencias de sus respectivos actos delincuenciales; y para rematar, encuentra tontos útiles a quienes les hace “¡¡¡Bu…!!!” y logra que lo sigan apoyando.

Entonces, quienes tienen un verdadero dilema moral no son los conservadores. Atribuir a los verdes la responsabilidad de un triunfo sandinista parte de un diagnóstico político errado. El meollo del asunto radica en que son, Alemán y sus allegados, los verdaderos responsables del resurgimiento de los sandinistas, así como lo fue Somoza y su terquedad en 1979. A estas alturas, nadie está seguro si la dirigencia del PLC esté jugando a ganar, ya que le conviene más un triunfo sandinista para, después, a través de un maquiavélico trabajo en la Asamblea Nacional, erigirse como los salvadores en las elecciones del 2006, con Alemán nuevamente como candidato. Estos rejuegos, que pueden pasar inadvertidos para muchos, fueron captados magistralmente en la caricatura de Guillén (ver LA PRENSA del 10 de agosto), donde el lento avance del Ing. Bolaños se atribuye a la resistencia que le impone la carga de Alemán y no a carga alguna por parte de los conservadores.

Ante esta mi lectura alternativa de la complejidad del escenario político nicaragüense, quienes recomiendan recetas, deberían proponer un pacto en el cual Alemán y sus cómplices, verdaderos responsables de la posibilidad de un triunfo rojinegro, se esfumaran de la escena política de Nicaragua para dar paso a los buenos candidatos, que ya existen, y votar por sus valores, sus programas de gobierno, sus carismas y no por miedo. Por ende, los que tienen un verdadero dilema moral son los miembros decentes del PLC, quienes tienen en sus manos la solución para que las “vertientes democráticas” puedan entenderse.

Es absurdo e injusto pedirle al Partido Conservador, al cual le ha costado luchas y lágrimas de sangre preservar su personería jurídica a causa de los trinquetes del pacto entre el PLC/FSLN, que a estas alturas deponga la actitud digna que ha mantenido para prestarse al juego de Alemán quien por debajo de la mesa se entiende con Ortega.

El Sr. Montaner debe creerme: en la actual coyuntura política nicaragüense, las recetas homeopáticas no sirven.

La autora es dirigente del PLD.  

Editorial
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