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La sorpresa que anunció este lunes el Presidente de la República, Arnoldo Alemán, de que se conocerán los nombres de las personas que llevaron a la quiebra al Banco Nicaragüense de Industria y Comercio (Banic), no causa ninguna gracia a estas alturas para este desventurado país.
Hay varios vicios en todo esto. Primero, el autoritarismo con que ha dirigido Alemán su gobierno, no ha permitido que se encarcele a los delincuentes de saco y corbata; segundo, el servilismo y falta de respeto hacia ellos mismos por parte de los funcionarios, ha hecho que el presidente gobierne a Nicaragua como si fuera una de sus fincas; tercero, el manoseo a la institucionalidad e irrespeto a la ley ata a los ciudadanos; cuarto, la inseguridad jurídica que robustecen cada día el PLC y el FSLN es aprovechada por quienes establecen condiciones a la nación para ayudarla económicamente, y quinto, difícilmente en este paquete del Banic los “de leva” irán a la cárcel.
Hay otros elementos. En el Código Penal no están tipificados los delitos bancarios modernos y aunque puedan acusarlos bajo las figuras jurídicas que están en el Código vigente, las posibilidades de ser condenados quienes causaron perjuicios al Banic, serán mínimas, porque los argumentos legales sobrarán para alegar inocencia frente a la fragilidad de nuestra legislación penal. Además, la práctica ha venido siendo consecuente: los jueces obedecen órdenes superiores de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, del Ejecutivo, del PLC o del FSLN, y quien no la cumpla, es destituido o difamado.
En este sentido, una iniciativa de reforma y adición al Código Penal en materia de delitos bancarios y de corrupción, que anunció hace varios meses el diputado liberal Wilfredo Navarro Moreira, simplemente fue un alarde de demagogia por cuanto nada se hizo al respecto y eso quedó engavetado.
Ahora el Presidente Alemán viene a rasgarse las vestiduras cuando su aliado de la oposición Daniel Ortega desde hace varios meses auguró la quiebra de siete bancos, entre ellos todos los que ya han fracasado. El discurso de Ortega sobre la quiebra de bancos y la actitud de Alemán a posteriori, sólo puede dar idea de que la quiebra de los bancos era algo hablado entre ambos políticos. ¿Queda otra cosa qué pensar? Desde mi punto de vista, no.
Alemán le echa la culpa ahora al contralor Guillermo Argüello Poessy por no solicitar al Procurador General de Justicia, que éste a su vez pidiera por la vía judicial, que el ministro de Hacienda entregara el informe de la auditoría del Banic que realizó el Banco Mundial. ¿Quién es el descarado?
Finalmente, si bien los organismos financieros internacionales están preocupados por la sanidad del sistema financiero nacional, deberían estarlo más e invertir en la seguridad jurídica y el fortalecimiento de nuestra legislación en todos los ámbitos para evitar corrupción en el Poder Judicial a todos los niveles.
Cuidado, esto es una quiebra más, nadie va a la cárcel, los delincuentes alegres con su botín, los contribuyentes una vez más asaltados y los organismos financieros sólo se lamentan y punto. Historia terminada.
* El autor es periodista.