Don Doroteo: “Los pobres no filosofamos”.

Platicando con el “Diógenes” de Puerto Momotombo

Don Doroteo Blanco López es uno de los típicos personajes que además de vivir solitario sufre de invalidez. Lo encontramos meditando, quizás, en su situación de miseria y hambre. “La vida del pobre es como el juego del trompo, siempre arriado al miado y al bote”, dice en sus reflexiones Mario Fulvio Espinosa [email protected] Es […]

  • Don Doroteo Blanco López es uno de los típicos personajes que además de vivir solitario sufre de invalidez. Lo encontramos meditando, quizás, en su situación de miseria y hambre. “La vida del pobre es como el juego del trompo, siempre arriado al miado y al bote”, dice en sus reflexiones

Mario Fulvio Espinosa [email protected]

Es casi mediodía, pero la casita está en penumbras. La luz entra mezquina, como a empujones, por las dos puertas, una delantera que da a la calle y otra trasera que va hacia el patio. Las dos pequeñas ventanas desvencijadas permanecen cerradas.

Él, don Doroteo Blanco López, contribuye a propiciar la oscurana porque está sentado en su silla de ruedas en el umbral de la entrada, mirando –pensamos nosotros– cómo pasa la vida por la esquina de su vivienda.

Eso es lo que se nos ocurre, pero podría ser que don Doroteo más bien piense en la situación de miseria y hambre que está atravesando, y no esté para filosofar, aunque tenga la cara como la de Diógenes, el griego que vivía en un tonel y al que no le gustaba que le quitaran la sombra.

A esa hora nadie transita por esa calle ancha y arenosa de Puerto Momotombo. Pero nos equivocamos, por ahí pasa el tiempo, elucubración fantasiosa del hombre para medir lo que no cabe calcular: la eternidad. Doroteo está ido, como conversando quizá con su inexistente sombra.

EL DOROTEO CON CARA DE POETA

Dicen que Lord Byron solía tener una “silla de las meditaciones” a la orilla del mar, en ella se sentaba por las tardes para inspirarse en la contemplación del vasto océano y en el movimiento eterno de las olas. Este Doroteo, con cara de poeta, no tiene para tanto. Está atado y sin mecates a esa silla de ruedas, y de más está decir que en ella medita, siente, come, duerme, llora y hace todas las minucias de la vida.

Se sorprende al vernos llegar. “¡Jodido..! ¿De dónde salen ustedes?

Andábamos recorriendo el pueblo y nos topamos de sopetón con usted. Pero, ¿por qué es tan oscuro el interior de su vivienda?

“Es un cuento largo de tristezas. Para comenzar soy inválido. Aquí vivo solo, y si no fueran mis vecinos ya me hubiera muerto de hambre. Hoy voy a comer porque la vecina de allá me mandó ese arrocito revuelto con frijoles, pero hay días que los paso en claro, a punta de agüita”.

LAS DESGRACIAS

Ha vivido 90 años, nació en Nagarote, pero buscando la vida vino a parar a Momotombo donde ejerció el oficio de pescador. “Mi familia se acabó, eran viejitos que se fueron muriendo poco a poco. Me quedé solo, y para colmo un accidente me dejó sin la pierna derecha”.

“Claro, Dios nunca falta, pero figúrese que hace tiempo me cortaron la luz y me quedé alumbrando con esa lamparita de gas, cuando tengo para el gas. Vivo en penumbras, pero ya me acostumbré a la oscurana y a hacer “palomas” con la única camisa y el único pantalón que tengo.

Posiblemente la vida en Puerto Momotombo mejore, pues ya existe una carretera adoquinada hasta la entrada del pueblo.

¿Quién sabe?

¿Cómo que quién sabe?

El progreso va eliminando a los pobres, los va privando de sus bienes y los va aventando hacia las rondas. Aquí ya se habla de construir hoteles y otras cosas que serán de los ricos… Yo veo que ha aumentado el hambre y la pobreza, con adoquines no se come.

¿Cuánto tiempo tiene de vivir en Momotombo?

No me acuerdo. Pero fíjese que una vez decidí meterme, más bien me metieron, al Asilo de Ancianos de Chinandega. Pero ahí la vida de los viejitos era triste… Se sufre de soledad y de abandono. Se sufren vejaciones. Una vez vi que a los viejitos que se morían les sacaban los dientes de oro con un alicate. Aquello era macabro, así que huí horrorizado.

¿En qué pensaba hace un momento?

Estaba pensando… ¿Cómo le digo? La vida del pobre es como el juego del trompo, siempre arriado al miado y al bote. Ni siquiera, a veces, hay tiempo de entretenerse pensando, porque lo importante es tener qué comer. El que tiene hambre poco piensa. Tal vez por eso no hay muchos pensadores, poetas ni filósofos entre los pobres.

Aquí, en esta soledad, me van a encontrar tilinte. ¿Y a quién le va a importar si pensaba bien o mal?

Sólo le pido a Dios que me lleve lo más pronto posible. Tal vez Él me dé una nueva pierna y una mansión donde pueda caminar sin necesidad de esta silla de ruedas.

CASA ESQUINERA

Es esquinera la casita de don Doroteo, la construyó en doce metros cuadrados de terreno con bloques y tejas de barro

La idea era tener un hogar para los suyos, pero éstos fueron desapareciendo con el tiempo y él quedó solitario, y además inválido

Momotombo es un pueblecito de belleza singular, las calles arenosas tornan calladas las pisadas de las carretas, bestias y transeúntes

Para aquéllos que gustan de la tranquilidad, Momotombo es ideal. Agua, sombra, frescor y paz son los principales componentes del puerto

El alma se estremece al contemplar el imponente cono del volcán, de alturas rojizas y faldas verdes.  

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