- Roberto Salvador Mayorga, el piloto nicaragüense involucrado en el secuestro de la aeronave de “La Costeña”, seis años atrás, está recluido en una de las cárceles más violentas del mundo, la Modelo de Bogotá, Colombia. Ahí, como señala la revista Semana, es peor que el infierno. En las propias instalaciones carcelarias se registran secuestros de prisioneros para cobrar rescate, asesinatos por “ajustes de cuentas”, y hasta violaciones. Con ese peligro convive Mayorga, quien hoy asegura a LA PRENSA que “El Cuervo” fue “víctima de las circunstancias”, y que conoció al jefe del Cartel de Cali por televisión.
Eduardo MarencoEspecial para LA PRENSA [email protected]
Segunda y última entrega
El 30 de julio de 1995, mientras los managuas alistaban sus gargantas y su fe para soportar los diez días de calurosas y soleadas fiestas agostinas, la avioneta Cessna Grand Caravan modelo 208, monomotor, blanca, matrícula YN-CED, propiedad de la aerolínea “La Costeña”, despegaba del aeropuerto internacional de Managua, para luego desaparecer esa mañana de los radares nicaragüenses.
El plan de vuelo de la aeronave consistía en un recorrido de supuesto turismo ecológico y estudio científico sobre el Río San Juan y el Lago de Granada, diseñado por el desconocido organismo no gubernamental “Amigos de la Naturaleza” (Amin), que había rentado la aeronave.
Después de seis horas, la avioneta fue reportada desaparecida por las autoridades aeronáuticas de Nicaragua. Posteriormente, los indicios confirmarían el secuestro de la aeronave junto a su piloto, capitán Andrés Avelino Narváez Delgado.
Nueve días después, el ocho de agosto, la avioneta YN-CED aparecería en los hangares de la empresa “La Frontera”, en Villavicencio, departamento del Meta, Llanos Orientales de Colombia, justo cuando era pintado el fuselaje en la parte de la identificación de la aeronave, según los reportes oficiales de la Policía de Nicaragua.
Sin embargo, el primero de agosto se había realizado el hallazgo más triste y macabro: el cadáver del piloto Andrés Avelino Narváez Delgado, quien comandaba la aeronave cuando se elevó desde al aeropuerto de Managua. Su cadáver fue localizado en la comarca El Puyón, municipio de Zipaquirá, departamento de Cundinamarca, Colombia, según el informe elaborado para la sede de Interpol en Colombia, por el entonces subcomisionado Carlos Bendaña, el 8 de agosto de 1995. El piloto Narváez, empleado de La Costeña, recibió tres disparos antes de morir: uno en el corazón, otro en la sien y otro en el rostro, según los reportes de prensa.
Otro piloto nicaragüense viajó en la misma avioneta cuyo destino final fue los Llanos Orientales de Colombia. El segundo piloto nicaragüense a bordo de la aeronave era Roberto Salvador Mayorga Martínez, quien el tres de agosto se presentó ante el Consulado Honorario nicaragüense en Cali, para luego ser encarcelado y sindicado por la Fiscalía colombiana de los delitos de secuestro de aeronave, narcotráfico, falsedad de documento y homicidio agravado.
Posteriormente, se le sindicó únicamente por el presunto delito de secuestro simple. Desde entonces, Mayorga Martínez se encuentra encarcelado en Colombia, y LA PRENSA ha conversado con él, en La Modelo de Bogotá, donde se encuentra recluido, sin haber sido condenado aún.
EL PASAJERO DE ANTEOJOS DE CAREY
Según la reconstrucción policial de los hechos, la avioneta YN-CED partió el 30 de julio de 1995 del aeropuerto internacional de Managua, piloteada por el capitán Narváez, aterrizó en el aeropuerto La Paloma de la Isla de Ometepe, donde el piloto Mayorga Martínez abordó la nave junto a un misterioso pasajero “bajo, blanco, canoso”, de unos cincuenta años, de jeans, que usaba anteojos oscuros con marco de carey.
Posteriormente se diría que el personaje era Don Miguel Rodríguez Orejuela, jefe del Cartel de Cali, quien sería detenido en un edificio de apartamentos en Bogotá, el seis de agosto de 1995, porque lo delató su fe por la Virgen María, a quien le encendía una vela cada noche. El calor de la llama fue detectado por los aparatos del Bloque de Búsqueda, dirigido por el Jefe de la Policía de Colombia, general José Rosso Serrano, a cargo de la Operación Milenio, que destruyó al Cartel de Cali.
Además de los dos pilotos nicaragüenses y del personaje de los lentes oscuros marco de carey, viajarían en la avioneta secuestrada dos personajes más que se identificaron con el nombre de Frank Lacayo y Carlos López Baquedano –colombianos– quienes tomarían control de la aeronave hasta dirigirla rumbo a Colombia.
DOS “VERSIONES”
Aquí, el relato de esta historia se bifurca en dos senderos. El primero basado en la “Declaración Libre y Voluntaria” rendida por el piloto Mayorga, en Cali, el 28 de septiembre de 1995, ante la Coordinación de Extranjería del Departamento de Seguridad (DAS) del Valle del Cauca.
La segunda versión se basa en la “Declaración Juramentada” del piloto Mayorga Martínez, rendida el primero de octubre de 1995, ante la Unidad Investigativa de la Policía Judicial de la Seccional del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) del Valle del Cauca.
Mayorga desconoce ahora estas dos declaraciones afirmando que no se encontraba en sus plenas facultades mentales cuando fue interrogado. Pero las mismas presentan datos dignos de ser conocidos por los lectores de LA PRENSA, quienes podrán formarse su propio juicio, a partir de las mismas.
LE OFRECIERON SERVIR DE “MULA” EN COLOMBIA
Según la versión inicial del piloto Mayorga ante las autoridades colombianas, él se involucró en el caso cuando conoció a un individuo de nombre “Marco Antonio Rodríguez”, quien supuestamente residía de la unidad de Policía de Linda Vista Norte, cien varas al norte, doscientas varas abajo, a mano izquierda.
“Marco Antonio Rodríguez” le aseguró a Mayorga que lo conectaría para trabajar como piloto en Colombia, después que fracasara una iniciativa anterior en la que supuestamente la Fuerza Aérea estaba promoviendo contratos de trabajo para pilotos de MI-17 con empresas colombianas.
“Marco Antonio Rodríguez” pagó a Mayorga cinco horas de refrescamiento en la Escuela Los Brasiles, aunque las necesarias eran diez horas, según Mayorga, ya que tenía cinco años de no volar, después que dejó de pilotear para la Fuerza Aérea Sandinista (FAS).
“También me presentó a unos mexicanos que se me identificaron como del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) y a un señor colombiano de nombre ‘Saúl’ o ‘Andrés’, quien me prometió trabajo en Colombia”, dijo Mayorga en su declaración.
Días después, añadió el piloto Mayorga, él mismo canceló en nombre de “Marco Antonio Rodríguez” los 2,050 dólares que supuestamente valía el vuelo charter de La Costeña. Sin embargo, inmediatamente le fue ordenado retirar el dinero de nuevo porque habían suspendido el vuelo.
“Días después llegó Marco Antonio a mi casa y me dijo que no saliera de ella, que me mantuviera allí el sábado, día en que ellos llegaron y me llevaron al puerto de San Jorge. Dormimos en ese puerto, al día siguiente –domingo por la mañana– nos cruzamos a la Isla de Ometepe en una lancha que alquilaron los mexicanos. Llegamos a la pista aérea de la isla, y subimos a una avioneta Cessna Grand Caravan de la empresa La Costeña, matrícula YN-CED, en la cual se encontraban cinco hombres”, dijo Mayorga. Fue en ese momento que Mayorga se encontró con el piloto Narváez.
— “¿Qué hay, Mayorguita?”, le dijo Narváez al verlo.
— “¿Qué tal, Apóstol?”, le respondió Mayorga, ante la sorpresa del “grupo de mexicanos”.
Les ordenaron subir a la avioneta y meter también un thermo con hielo y gaseosas. Ya dentro de la aeronave, los sentaron en el piso en la parte trasera de la avioneta, y fue entonces cuando “vi —aseveró Mayorga— a un hombre gordo, recio, de anteojos negros oscuros, que tomó los mandos de la aeronave, como a las 8:20 de la mañana de ese domingo”.
Según esta primera declaración, Mayorga portaba un pasaporte colombiano con su foto pero bajo el nombre de Julio Alberto Mora Vargas. Después, al estar en Bogotá con “Marco Antonio Rodríguez”, le ofrecieron 20,000 dólares para viajar con droga en el estómago, rumbo a Jamaica, lo cual no ocurrió.
De acuerdo con su versión de los hechos, aterrizaron en Girardot, tan cerca de Bogotá como de Villavicencio, donde aparecería la avioneta YN-CEV. Después, se dirigieron a Bogotá a una casa señalada por “Marco Antonio Rodríguez”.
CONDUJO CAMIONETA DE “EL CUERVO”
En su segunda versión, ahora juramentada, Mayorga no menciona a “Marco Antonio Rodríguez” sino a un “señor de apellido Alemán”, como la persona que lo contactó para servir de piloto a empresas colombianas.
Este individuo, según esta nueva versión, se movilizaba en la camioneta Mitsubishi montero, color azul, de Jorge Guerrero “El Cuervo”, implicado también en esta operación, a quien no mencionó en su primera declaración.
Guerrero había alcanzado el grado de coronel en los años ochenta, y había fungido como jefe de seguridad del ex presidente Daniel Ortega Saavedra. Fue enjuiciado por su vinculación al secuestro de la avioneta, pero fue absuelto en un juicio conducido por Germán Vásquez, ex juez, de reconocida militancia sandinista. Ahora es candidato a diputado nacional por el FSLN, en la posición 19 de la lista oficial de ese partido.
Según el reporte elaborado por el hoy comisionado Carlos Bendaña, para información de la sede de Interpol en Colombia, Guerrero fue “quien proporcionó su vehículo y retiró cheque de la compañía de aviación La Costeña, luego que la misma organización cancelara un vuelo con similares características al recorrido del vuelo planificado para el secuestro. Al momento de su captura le fue ocupado un pasaporte nicaragüense, en el cual existe una visa de entrada sellada por el DAS de Colombia, específicamente de Cali, con fecha de ingreso el 26 de diciembre de 1994, y salida el 30 del mismo mes y año”.
Mayorga aseguró en esta segunda declaración que se dirigió al puerto de San Jorge en la camioneta de Jorge Guerrero, quien se la había prestado al supuesto “Marco Antonio Rodríguez” o “señor de apellido Alemán”, quien a su vez se la facilitó a Mayorga.
Desde San Jorge, Mayorga dijo que abordó una panga para dirigirse a la Isla de Ometepe, donde subió a la aeronave junto al misterioso personaje de lentes oscuros con marco carey, cargando un thermo con gaseosas. La narración del viaje en la avioneta es similar. Reiteró que habrían aterrizado en Girardot, cerca de Bogotá.
Ya en Bogotá, Mayorga viajó junto a “Marco Antonio Rodríguez” a Cali, en un vuelo de Avianca. En Cali, aprovechó para presentarse ante el Cónsul Honorario de Nicaragua en Cali, Jorge Guzmán, a mediados de septiembre. Fue reportado a las autoridades del DAS, y luego inició su enjuiciamiento por permanencia ilegal en Colombia.
Mayorga aseguró que recurrió a las autoridades nicaragüenses al sentirse amenazado de muerte ante al asesinato del piloto Narváez, del cual se enteró a través de los medios de comunicación. Dijo no saber quiénes eran sus asesinos.
MÁS RESBALOSO QUE UNA CULEBRA
¿Eras amigo del piloto Narváez?
“Sí. Puedo afirmar que éramos amigos. Nuestra amistad databa desde 1985. Él fue parte del cuerpo de pilotos instructores con que contaba la Escuela de Aviación de Los Brasiles, adscrita a la Fuerza Aérea Sandinista (FAS)”.
¿Qué sabés de su asesinato?
“La Fiscalía, por medio de las averiguaciones llevadas a cabo por el Cuerpo Técnico de Investigaciones manejan la hipótesis en la cual se dice que yo sé o sabía cómo murió Andrés Avelino Narváez. Todo lo que ellos dicen es meramente especulativo y manipulador, escondiendo al o a los autores, como el gato que esconde sus excrementos.
En principio, todo lo que yo pueda decir no tiene importancia y menos validez jurídica. En ese período y espacio yo me encontraba en una situación de pérdida temporal de mis funciones sicológicas, que fue aprovechada para manipular los hechos en contra de unos y a favor de otros. El juez tiene la última palabra”.
¿Quién te presentó a Marco Antonio Rodríguez?
“A Marco Antonio lo conocí en una exposición de obras de arte, por medio de un señor de nombre o apellido Alemán. Para la época, algunos pilotos de helicópteros soviéticos estaban siendo contratados por una empresa colombiana “Helicol-Avianca”.
El señor Marco Antonio me brindó su dirección en Cali, Colombia, a solicitud de este señor Alemán, por si de pronto se daba el trabajo de los helicópteros. Los contratos —con pilotos nicaragüenses para volar con esta empresa colombiana— fueron suspendidos, pero yo tomé la decisión de viajar a Colombia, por si se renovaban los contratos, estar más cerca de conseguir el trabajo”.
¿Qué papel jugó Jorge Guerrero en el secuestro de la avioneta de La Costeña?
“El señor Jorge Guerrero no es más que una víctima de las circunstancias, de manera que desconozco totalmente el porqué de la pregunta. Mi relación con él se limitó a una amistad casi nula, el lazo se inició cuando mi ex suegro nos presentó sin profundizar en ningún aspecto”.
Se dice que en la avioneta secuestrada viajó Miguel Rodríguez Orejuela, jefe del Cartel de Cali, Helmer “Pacho” Herrera y José Santacruz Londoño, todos del Cartel de Cali. ¿Esto es así?
“Es totalmente falso. La mafia jamás me hubiese dejado hablar, yo no sabía nada en absoluto, si hubiera sido así, nunca hubiéramos tenido esta conversación”.
¿Qué ocurrió en la sesión de reconocimiento ante Miguel Rodríguez Orejuela? ¿Vos lo reconociste como el misterioso pasajero de la avioneta?
“La primera vez que se me llevó a esa diligencia, no se efectuó. La segunda, se llevó a cabo la diligencia. Yo respondí que de los señores allí presentes, ninguno había viajado en la avioneta, menos los señores que me mencionás, ya que a esos los vine a conocer acá por televisión”.
VIACRUCIS JURÍDICO
El juicio contra el piloto Roberto Salvador Mayorga Martínez ha sido un viacrucis con más de catorce estaciones. Ha deambulado, además, en las más diversas cárceles colombianas de Cali y Bogotá.
El 17 de septiembre de 1995, tras su detención en la ciudad de Cali, permaneció en los calabozos del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) en Santiago de Cali, y posteriormente fue trasladado a los calabozos de Paloquemao.
El 13 de octubre de 1995 fue trasladado a la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá, donde aún permanece en un búnker de alta seguridad.
El 26 de febrero de 1998, mediante el oficio Número 2,294, se le notificó que se le levantaban los cargos de delito de homicidio agravado y demás, al no encontrarse evidencias de que tuviera que ver con el asesinato del piloto Andrés Avelino Narváez Delgado.
El 28 de febrero de 1999, el juez Héctor Julio Cruz Casallas solicitó pruebas al exterior a la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, por medio de la Embajada de Nicaragua. Hasta hoy no se ha recibido respuesta alguna, cuando el máximo tiempo de espera es de seis meses, según el piloto Mayorga.
El 3 de marzo de 1999, de mane-ra infructuosa, solicitó la libertad provisional por vencimiento de términos. Luego de algunos meses —5 de septiembre— formuló la misma solicitud, la cual le fue negada ocho días después.
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