Paul ShinAP
MOSCÚ.- El presidente ruso Vladimir Putin y el dirigente norcoreano Kim Jong Il firmaron el sábado una declaración conjunta en que se comprometen a cooperar en cuestiones globales y se oponen al plan de Washington para construir un sistema defensivo a base de cohetes.
La llamada Declaración de Moscú, firmada al final de la cumbre del Kremlin, instó a una reanudación de los vínculos entre los antiguos aliados ideológicos y reflejó el interés de Putin por fortalecer la cooperación con el régimen comunista de Pyongyang.
Las relaciones entre Corea del Norte y Rusia se vieron afectadas por la decisión de Moscú de establecer vínculos con Corea del Sur en 1990 y por la caída de la Unión Soviética al año siguiente.
En la declaración, Corea del Norte afirmó que su programa de cohetes es “pacífico” y no constituye una amenaza para ningún país que respete su soberanía.
Kim reiteró también su demanda de que se ponga fin a la presencia militar norteamericana en Corea del Sur, y la calificó de “un problema apremiante”.
Washington mantiene alrededor de 37,000 soldados en Corea del Sur como elemento disuasivo contra cualquier ataque del Norte.
Por su parte, Rusia prometió ayudar en la reconstrucción de las obsoletas plantas industriales de Corea del Norte, pero indicó que esa asistencia estaría vinculada al pago de la deuda norcoreana con Rusia, que asciende según cálculos a unos 5,500 millones de dólares.
Ambos países colaborarán en la creación de un corredor ferroviario entre el ferrocarril transiberiano de Rusia y los sistemas de ambos estados coreanos.
El dirigente de 59 años llegó a Moscú el viernes por la noche después de un viaje de nueve días en tren a través de Rusia, rodeado de un velo de secreto.
Antes de la reunión, Putin y Kim colocaron ofrendas florales en el mausoleo de Lenin –en la Plaza Roja– y en la tumba del Soldado Desconocido, dijo la agencia noticiosa ITAR-Tass.
Kim fue el primer gobernante extranjero que ha colocado una ofrenda floral en el mausoleo de Lenin desde la caída de la Unión Soviética, agregó la agencia.
El viaje de Kim ha estado rodeado de estrictas medidas de seguridad.
Durante su recorrido, el dirigente hizo sólo dos apariciones públicas. Su llegada a la estación Yaroslavsky de Moscú, con una comitiva de unos 150 acompañantes, no fue transmitida por la televisión ni cubierta por la prensa, que no recibió acceso a la estación.
El finado padre de Kim, Kim Il Sung, visitó Moscú con frecuencia durante sus largos años de gobierno en Pyongyang.