Sus vidas fueron marcadas por el fracaso escolar. Para ellos asistir a clase era perder el tiempo y preferían hacer cualquier cosa menos presentarse a su aula o por casualidad revisar si sus cuadernos, al menos, estaban en la mochila.
Hoy juran por lo más sagrado que estudian, asisten a clases y aprueban todas las asignaturas con buenas calificaciones debido a que el estudio se convirtió en una de sus principales prioridades en sus cortas vidas.
Christian Chavarría, de ojos negros, asegura que repetir tres veces primer año, ha sido uno de los más grandes fracasos que ha cometido en sus escasos 17 años de vida.
“Primero dejé el año por fresco, no entraba a clase y me quedaba con mis amigos, luego fue la muerte de mi bisabuelita que me causó una fuerte depresión, y por último por problemas económicos”, expresó mientras bajaba la mirada para observar su camiseta roja que luce puesta, y se queda pensativo, quizás tratando de alterar el pasado.
El joven ahora cursa el primer año en el turno matutino del Centro Escolar “Mi Redentor”. Asegura que ahora pone más interés a sus estudios porque tiene que cumplir el compromiso que hizo ante su abuela y tía para que le costeen los estudios, mientras dirige sus hermosos ojos negros hacia su mamá, quien hasta ese entonces era nuestra testigo silenciosa de la conversación.
No hay excusas para dejar clases
Diana Chavarría, madre soltera, que con sacrificio cría a sus dos hijos, asegura que siempre le dio consejos a Christian de que estudiará para que sea alguien en la vida, pero “nunca escuchó mis recomendaciones”.
“Le empezaron a gustar las muchachas y se desocupó de las tareas. Hasta que hizo la promesa ante mi mamá y mi hermana para que le paguen los estudios”, expresó, mientras se sacaba un cigarro de la bolsa de su camisa e iniciaba a encenderlo en las gradas de las afueras de su casa.
Agregó que no hay excusa para dejar las clases o repetir año. La lección al menos ya la aprendió y ahora espera cursar el segundo año.
Raúl Serrano, con 18 años de edad, sentado en la banca de las afueras de la casa de su vecina, asegura que dejó la clase de matemáticas, porque no estudiaba.
“Siempre me repetía una y otra vez: Hoy sí voy a estudiar. Llegaba el momento y decía: Mejor mañana, y así pasaba el tiempo. Nunca lo hacía a pesar de que mi mamá estaba siempre pendiente de mis clases”, expresó.
Con voz firme y pausada aseguró que desde que sacó un “rojito” de 45 puntos en la clase de matemática cambió. “Ahora estudio y copio todas mis clases. Antes ni eso hacía, porque no quería y no me gustaba”, dijo, mientras se pasaba la mano por su pelo y subía la pierna derecha en la banca azul donde estába sentado.
Orquídea Chavarría, quien el próximo primero de septiembre celebrará sus 15 primaveras, es otra reprobada. Sabe que este año ya lo perdió debido a que va “muy mal en las clases por no estudiar. El próximo sí pondrá todo su empeño para finalizar la primaria”.
Disfrutando de unas tajadas con queso y ensalada, que asegura son un aperitivo mientras llega la cena, comenta que la meta del próximo año será pasar el grado.
“La verdad es que no me gusta estudiar, es aburrido. Ahora tengo que hacer el intento para mejorar y ser buena alumna, porque ya voy para adulta y tengo que ser alguien en la vida”, expresó con su mirada hacia sus tenis blancos que combinan con su camiseta celeste y un pantalón de mezclilla.
El pedagogo Antonio Aburto, indica que el número de reprobados crece desde el inicio de la primaria y secundaria como parte del desarrollo del individuo.
La reprobación de materias se hace cada vez más constante, según el especialista, al inicio de la primaria y secundaria, debido a la gran cantidad de “lagunas” o falta de conocimientos que los alumnos cargan desde los primeros grados y que repercuten en la secundaria.
Aburto aseguró que el desinterés de los adolescentes y jóvenes por estudiar se debe a otros intereses que tienen los estudiantes y que en la mayoría de los casos desplazan el estudio.
Dejan de pensar como niños
“Aparece el interés por los muchachos y muchachas por tener un novio o novia, la necesidad de tener un grupo de amigos para ir de fiesta, paseos, conversar sobre temas de los jóvenes o para estudiar, y los cambios físicos y psíquicos que ocurren en el cuerpo”, explicó.
Otro de los motivos que indica el pedagogo, es que el adolescente deja de pensar como un niño y entra en el mundo de los adultos, lo que lo induce a la necesidad de desarrollar autonomía sobre sus padres, quienes muchas veces son rechazados al ofrecerle su ayuda para realizar las tareas.
Aburto manifestó que reprobar una clase o repetir el año, representa una carga para la sociedad; además, que los padres de familia pierden el dinero invertido, y para los jóvenes se traduce en tardanza para incorporarse en el campo laboral.
Nada justifica el fracaso
“Los reprobados son un problema de gravedad en nuestra sociedad porque son recursos humanos con que el país cuenta para su desarrollo y ello repercute en la economía del país y de las familias”, agregó.
Indicó que a pesar de que la mayoría de los estudiantes utilizan cualquier excusa como la muerte de un familiar, malos hábitos de estudio, falta de tiempo u organización para estudiar, “no existe nada que justifique el fracaso”.
30 mil reprobados
El último informe del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) registra que hubo una aprobación del 90.74 por ciento del total de estudiantes matriculados, y 6.92 por ciento de aplazamiento, y un 2.26 por ciento de reprobados de 1,377.697 estudiantes matriculados en primaria y secundaria, es decir, un poco más de 30 mil estudiantes.
Vale señalar que los índices de reprobación son menores que los de la década pasada, gracias al esfuerzo y apoyo internacional de los proyectos Aprende I y II (Banco Mundial), Unión Europea, Gobierno Español, Japón, Corea. Además de la continuidad del Proyecto de Nutrición que beneficia a alumnos del III Nivel de Preescolar y de primero a cuarto grados de los centros públicos y algunos centros subvencionados. Así como también a las continuas capacitaciones a los docentes.