- La explotación incontrolada ha reducido a niveles críticos poblaciones de tortugas marinas en los últimos dos siglos, por lo que urge que el Gobierno se sume a los esfuerzos de otros países y se integre el corredor biológico creado
para proteger esta especie
Carlos González GonzálezCORRESPONSAL/BILWI, [email protected]
En la Costa Caribe nicaragüense, la tortuga verde es la que más existe, pero también es la que enfrenta mayor peligro de extinción, si no se hacen verdaderos esfuerzos por su conservación y aprovechamiento, sostiene Denis Castro, coordinador de las áreas protegidas de la Región Autónoma del Atlántico Norte, RAAN.
Sobre las especies, Castro señala que existen en Centroamérica 5 especies de tortugas marinas: la tortuga carey caguama o cabezona, paslama o lora, la tortuga verde o blanca, la tortuga verde del Pacífico y la tortuga baula o tora.
Explicó que la plataforma del Caribe es especial para la tortuga verde, lo que permite la migración de tortugas de 18 países, incluyendo de Nueva Guinea (África), que se alimentan del abundante pasto marino de las costas del Caribe nicaragüense.
Un estudio realizado por Nietschman, especialista en ese campo, indica que los factores humanos que afectan a las tortugas en el mar son: la cacería para consumo de carne y fabricación de artesanías con el caparazón; la pesca incidental, donde las tortugas mueren ahogadas en las redes de arrastre para la captura de camarón; contaminación por aguas residuales; ingestión de basuras como bolsas plásticas y tóxicos.
SACRIFICIO INDISCRIMINADO
Según el estudio, las tortugas verdes que habitan en el Caribe son sometidas a cacerías superiores a los 10 mil individuos.
En el período comprendido, entre enero de 1994 a junio de 1996, se cazaron en las costas de Nicaragua un mínimo de 8,324 individuos, específicamente en Awastara: 6,916 tortugas.
Mientras que en Sandy Bay Norte se contabilizan 3,676, Dakura: 2,029, Krukira: 424, Río Grande: 2,190, Sandy Bay y Sirpi: 870; Set Net: 310 y Tasbapauni: 310.
Actualmente se sacrifican unas 12 mil tortugas para el consumo de carne.
CAZADORES ACECHAN AREAS DE REFUGIO
Castro afirma que en el área de refugio los buzos son los mayores destructores, “doscientos buzos faenando diario en el área de alimentación de la tortuga verde, es una situación que hay que detener, porque si no desaparecerían las áreas de refugio y el peligro de extinción crecerá más rápidamente”, asegura.
Otro problema que enfrenta la caza de la tortuga verde en el Caribe nicaragüense, es la captura indiscriminada de la población adulta, pues está disminuyendo considerablemente y en consecuencia los cazadores optan por la población subadulta y la captura de la población juvenil.
ACTIVIDAD LEGAL E ILEGAL
Humberto Padilla, responsable de los mercados en Bilwi, indicó que existen 30 destazadores legalmente constituidos, los que están aglutinados en una cooperativa. Se destazan unas 100 tortugas al mes.
Sin embargo, “tenemos información que una cantidad similar opera ilegalmente sacrificando indiscriminadamente tortugas de cualquier talla, lo que pone en peligro su desaparición, ya que no respetan la veda”, señaló Padilla.
Entre 1997 y 1998, barcos piratas incursionaron las costas del Caribe y los indígenas de Awastara recuperaron unas cinco mil libras de carne de tortuga. Los comunitarios se defendieron y les cortaron las boyas a los barcos piratas.
RESPONSABILIDAD DEL GOBIERNO
A juicio de Denis Castro, coordinador de las áreas protegidas de la RAAN “es necesario que el Gobierno de Nicaragua se una a los esfuerzos de los otros países centroamericanos por la conservación de la tortuga marina. Hace poco tiempo salió una propuesta de Costa Rica y Panamá para crear un corredor biológico de la tortuga verde y Nicaragua no firmó”, se lamentó el coordinador de las áreas protegidas.
Castro considera que “el Estado debe brindar oportunidades de autosostenibilidad a las comunidades, ya sea con otras opciones de pesca del recurso marino costero que aún no se han explorado comercialmente o motivando el ecoturismo, como se hace en Costa Rica”, agregó Castro.
El señor Reinaldo Reyes, líder de la comunidad indígena de Awastara, es del criterio que hay que continuar con la veda de la tortuga, “la gente entiende que esto les favorece, y si en algunos momentos se capturan tortugas jóvenes, es porque no hay otras opciones y todos debemos unirnos para evitar que se nos extingan nuestras tortugas”, dijo.