Cornelio Hopmann
Los cafetaleros están equivocados, puesto que don Enrique (Bolaños) no ha propuesto un programa de ayuda a los cafetaleros, sino un programa en ayuda a los jornaleros del café, actuando los cafetaleros netamente como intermediarios (y beneficiados indirectos).
Es decir, en lugar de repartir comidas o de poner a los jornaleros a trabajar en obras comunales, se les pone a trabajar en lo que es su faena: cuidar los cafetales.
Por tanto, siendo el objetivo principal el empleo digno y no la rentabilidad del caficultor grande, está súper bien hecho y dirigido.
No hubiese habido necesidad ni siquiera de plantear un programa así si los caficultores —en lugar de ver solamente su propio bolsillo y nada más— hubiesen —recordando su responsabilidad como empleadores— propuesto algo así desde el inicio.
Intentar sacar —por la indirecta como en este artículo— provecho de la hambruna de sus empleados, roza con la ética.