Mi personaje inolvidable

“Dicen que no se sienten las despedidas. Dile a quien te lo dijo, que se despida”. En el adiós tan inesperado y sin retorno, indeseado, brusco e inoportuno de Roberto, nos produce un profundo estremecimiento en los que valoramos su personalidad de un hombre íntegro, transparente, lleno de la más intensa sinceridad. Si hubo un […]

“Dicen que no se sienten las despedidas.

Dile a quien te lo dijo, que se despida”.

En el adiós tan inesperado y sin retorno, indeseado, brusco e inoportuno de Roberto, nos produce un profundo estremecimiento en los que valoramos su personalidad de un hombre íntegro, transparente, lleno de la más intensa sinceridad. Si hubo un alma sincera, fue la suya.

Un verdadero cristiano en toda la extensión del superlativo, apegado siempre de todo corazón a los mandamientos del Divino perdonador de injurias.

Nos deja un ejemplo magnífico, y una escuela muy difícil de igualar, porque fue único, ya que no habrá otro igual.

Fue un esposo y padre amoroso, dándose con intensa alegría a los que él amaba entrañablemente, con ese verdadero amor que es amar sin medida ni distancias.

Un amigo incomparable: ofreciéndonos siempre su contagiosa sinceridad. Si hubo un alma sincera, fue la suya.

Yo que tuve el privilegio de ser su amigo, siempre lo extrañaré, más allá de la muerte y del olvido. Su deceso fue un dormirse entre los hombres, y despertarse con los ángeles, en ese encuentro indescriptible con Dios, que ya le esperaba como a uno de sus elegidos, por ser de los bienaventurados de quienes nos hablan las Sagradas Escrituras.

Qué ejemplo tan maravilloso que deja a sus hijos como la mejor herencia, y a toda Nicaragua que tanto lo extraña.

El trabajo honrado y exitoso fue la ley de su perenne alegría.

Al unirme a su familia en un mismo sentimiento, hago propio el dolor que nos embarga a todos los que le quisimos, cuyo recuerdo vivirá eternamente en nuestros corazones, ya que ningún lazo une tan fuertemente como el dolor, ni se puede ver con tanto sentimiento a Dios, sino a través de las lágrimas.

César Anzoátegui.  

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