Viva la música

Cuando quieren oír música, en vez de escuchar grabaciones leen las partituras y no necesitan pagar miles de dólares para tocar un piano ni un violín. Son los jóvenes de talento musical que pasan sus días afinando el oído y sus manos para deleitarnos con sus dotes. El joven Johnny Martínez, proviene de una familia […]

Cuando quieren oír música, en vez de escuchar grabaciones leen las partituras y no necesitan pagar miles de dólares para tocar un piano ni un violín. Son los jóvenes de talento musical que pasan sus días afinando el oído y sus manos para deleitarnos con sus dotes.

El joven Johnny Martínez, proviene de una familia de músicos. Lo que corre por las venas, es la pura música, pues la heredó de su padre José Santos Martínez, quien es guitarrista.

Es una de las pocas personas y por qué no decir uno de los pocos jóvenes que se dedica en la Orquesta Nacional de Nicaragua, a tocar el corno francés, instrumento musical muy poco común y conocido por los nicaragüenses.

Martínez tiene 23 años, la mayoría dedicados a la música. “Cuando tenía ocho años mi papá me matriculó en una Escuela de Música en Estados Unidos”. Y desde entonces ha conocido de instrumentos musicales.

Después de pasar un buen tiempo en ese país, regresó a Nicaragua con las intenciones de continuar sus estudios académicos. Por consejo de unos tíos, también músicos, ingresó a estudiar guitarra a la Escuela Nacional de Música en 1992. Dos años después lo invitaron a estudiar el instrumento corno francés. “Me dijeron que era un instrumento muy interesante y que se necesitaba mucho en la orquesta como en los grupos de cámara… si yo aprendía a tocar este instrumento tendría muchas oportunidades de trabajo. Probé y después me fue gustando poco a poco”, recuerda el joven.

Se interesó tanto en ese raro y poco conocido instrumento musical que optó por abandonar la guitarra para dedicar espacio y tiempo al corno. Y luego de pasar siete meses de práctica, fue invitado a participar por primera vez en la Orquesta Nacional de Nicaragua, para más tarde formar parte del grupo “Quinteto Experimental de Bronce” como alumno avanzado para tocar el segundo corno. Posteriormente debutó en el Ensemble de Bronce de la Casa de los Tres Mundos en Granada, con el cual hizo una gira a Alemania.

Este talento juvenil nicaragüense, conoce un poco de guitarra, piano, flauta y más que a su propia vida conoce mucho del corno. Aunque no se considera un especialista en el tema su mayor sueño es profesionalizarse en ese instrumento. Y al menos lleva la satisfacción de haber sido uno de los cuatro alumnos que por excelentes notas, fueron elegidos para recibir un curso de cuatro meses en Alemania.

Actualmente brinda clases de corno francés en la Escuela Nacional de Música, pero asegura no hacerlo por dinero, sino por el interés que todos, jóvenes y niños conozcan este instrumento y tomen cariño a lo bello de la música. Además, piensa que todo aquel que estudia música, no debe verlo como un sacrificio, sino como algo muy importante que se hace por amor, “ese algo que nace y no que se hace”.

El flautista

El interés de Jairo Araica, un joven músico de 25 años por la música, nació a partir de escuchar durante servicios religiosos, a un grupo de jóvenes que cantaban y tocaban en el coro de una iglesia del barrio Batahola. Relata que desde los ocho años observaba cómo los jóvenes interpretaban dulces melodías al sonar de flautas, el instrumento que hoy es su pasión, tanto que es profesor de Flauta Dulce en la Escuela Nacional de Música.

Precisamente en esa edad es que el Padre de la iglesia católica del barrio, Ángel Torreya, descubre en él un gran talento hacia la música. “Por su consejo es que entré a estudiar un curso de flauta y gracias a él es que aprendí a tocar el instrumento que me gustaba tanto”.

Cuando aún estudiaba, se organizó la Orquesta Juvenil de Nicaragua. Se unió a la orquesta y posteriormente, recibió una beca para estudiar en el Conservatorio de Música el Contrabajo, instrumento de cuerda.

Ahora forma parte de la Orquesta Nacional de Nicaragua. “Mi tiempo para los estudios y las clases de música en la escuela, no dejan mucho espacio para ensayar”, dice, pero siempre desea perfeccionarse.

Gracias a su talento ha tenido la oportunidad de presentarse en países como Guatemala, México, Honduras y Estados Unidos y en ciertas ocasiones toca con la Orquesta Juvenil de Batahola para llevar alegría. “A mucha gente que quizás está con tristeza tratamos de ayudarles a olvidar un poco la situación o la crisis que pasan a través de la música”.

La violinista

“Para tocar el violín hay que tenerle mucho amor y talento”, dice la futura abogada, América Blandón, de 21 años, es una joven llena de mucho amor para su más preciado instrumento musical, como es el violín. El tiempo que dedica para ensayar es de pocas horas, debido a que actualmente da los últimos retoques a su monografía.

Blandón ha dedicado seis años a perfeccionarse en el hermoso instrumento de cuerdas, que más que un objeto que emite sonidos, es también un amigo inseparable desde que su mamá la motivó a estudiar música.

“A mi mamá le gustaba la música, y al no poder estudiar y realizar sus sueños, buscó la manera que yo estudiara. Me interesó y por eso estudié cinco años de violín en la escuela nacional de música”, comenta la joven.

Sin embargo, la universidad le restó tiempo. “Tuve que retirarme y tenía que escoger entre la música y el estudio. Fue algo duro porque me gusta mucho, pero hay que ser realista. Para un músico, aquí su situación de vida es difícil y los salarios son bajos”.

Blandón reconoce que su mayor apoyo se lo brindó su madre, pues con esfuerzo y sacrificio, ha logrado realizar su deseo de ser una violinista.

Pero su deseo por superarse en la música, le ha costado también malos ratos. “He sido salada. Una vez que me ofrecieron una beca para estudiar en Francia y no pude ir porque era menor de edad. Después perdí un viaje a los Estados Unidos, porque me negaron la visa y solamente a Centroamérica he viajado”.

También sueña que muchos niños aprendan a tocar violín y por eso comparte sus conocimientos dando clases a un grupo de pequeños que también son amantes de este instrumento. Y para lograr su objetivo como excelente maestra del violín, la joven bajo el calor y la tranquilidad de su hogar, toma cada sábado por la tarde ese instrumento en sus manos para sacar las más dulces notas.

Vocación y sacrificio

Estudiar música en Nicaragua, además de ser una vocación, implica sacrificio porque la cultura ocupa lo último del presupuesto en Nicaragua, reconoció Víctor Alvarado, director de la Escuela Nacional de Música.

“Con esos pocos recursos hay que saber acomodarse y para un estudiante de música es un poco difícil, porque los instrumentos en su mayoría son bastante caros, sobre todo los de cuerda como el violín, la viola o violonchelo”.

Sin embargo, el ingreso a la escuela no es costoso, pues la mensualidad solamente tiene un valor simbólico de 200 córdobas, accesible a todo aquel joven que desee especializarse en cualquier instrumento de música. La escuela se encarga de facilitar los instrumentos a los estudiantes que no tienen.

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