- Era una persona que se
hacía respetar y se daba a querer por quienes tenían la oportunidad de tratarlo y trabajar con él
Luis Sánchez Sancho*[email protected]
Hablando sobre la personalidad de don Roberto Terán en el programa de televisión “Porque Nicaragua nos importa”, del Canal 8, en el que participó junto con Lorena Zamora, presidenta de AMCHAM, el ingeniero Gilberto Cuadra reveló un aspecto poco conocido del prominente líder empresarial que falleció el lunes y fue sepultado el miércoles de esta semana.
Dijo el ingeniero Cuadra que don Roberto Terán ganó varios años de vida en la campaña electoral de 1996 —en la que participó como candidato presidencial de la UNO 96. Y el contacto con la gente, haberse salido del nicho empresarial, le permitió conocer muy de cerca las necesidades sociales y la realidad de la pobreza.
En realidad, aquella única experiencia política partidista de don Roberto le dio a su existencia una nueva alegría de vivir; a su personalidad, una dimensión más humana, más solidaria, más compasiva.
Es que don Roberto concebía la política en su forma original, socrática, de servir y no buscar cómo ser servido. Don Roberto no buscaba un cargo público para resolver sus problemas económicos y necesidades materiales —que bien las resolvió con su esfuerzo empresarial y el fruto de su trabajo—, sino para ayudar a la gente por la que sentía una inmensa compasión. Don Roberto, en realidad, se ajustaba al criterio platónico de que el político, y sobre todo el gobernante, debe ser alguien que tenga resueltas sus necesidades personales, para que no se aproveche del poder en su beneficio particular.
Recuerdo los discursos de don Roberto: genuinos, sinceros, sencillos, llenos de optimismo y salpicados de buen humor. Una vez, en su discurso durante la concentración política de Nagarote, don Roberto contó que cuando el terremoto de Managua de 1972 se refugió con su familia precisamente en esa localidad ladrillera, alfarera y quesillera. Y que su suegro, un señor francés que tenía dificultad para expresarse en español, le decía que vivían en “Nalgarote”.
De aquella experiencia política que tanto disfrutó don Roberto y que le permitió conocer y amar a la gente sencilla, aprendió una expresión que solía usar en los últimos años de vida, cuando era el infatigable e intrépido capitán de la empresa privada, presidente del COSEP: “Hay que tener compasión por Nicaragua”. Compasión era lo que más le exigía don Roberto al presidente Arnoldo Alemán, cuyo gobierno es el más egoísta de todos los que ha tenido el país en los últimos tiempos.
En aquella campaña electoral de 1996 fue cuando más tiempo y más de cerca traté a don Roberto, pues yo era el jefe de campaña de la UNO 96. Y llegué a conocerlo bastante, a respetarlo y a quererlo mucho, porque él era una persona que se hacía respetar y se daba a querer por quienes tenían la oportunidad de tratarlo y trabajar con él.
De veras que don Roberto disfrutó mucho aquella campaña electoral, durante la cual él transfirió a la política su inmensa sensibilidad humanitaria, y recibió la carga de solidaridad que bien entendida y aplicada tiene la política por su propia naturaleza.
Recuerdo a don Roberto viajando con nosotros por todas partes del país, siempre acompañado por su esposa, doña Huguette, por algunos de sus familiares más cercanos, por su ahijado y asistente de prensa, Efraín Payán, y por su infaltable bartender personal, que siempre estaba presto a servirnos con emparedados, refrescos gaseosos, y cervezas o tragos de licor para quienes así lo quisieran.
¡Con qué alegría desbordante y contagiosa bailaba don Roberto las ruidosas piezas musicales con las que acompañábamos aquella inolvidable campaña electoral de la UNO 96! ¡Cómo bailaba nuestro candidato vicepresidencial el ritmo de “El venado”, con las muchachas coristas que imprimían a nuestra campaña política, calor, entusiasmo, optimismo, alegría, sentido de humanidad.
Don Roberto “perdió” la elección, su candidatura fue de las menos votadas entre las 24 que compitieron en los comicios de octubre de 1996. Nadie o muy pocos de quienes ahora rinden homenaje a la memoria de don Roberto, ni siquiera votaron por él en los comicios del 96.
Pero lo que ganó don Roberto fue muchísimo e invaluable, en alegría de vivir, en solidaridad, en crecimiento humano, en compasión por la gente, sobre todo por los más desvalidos de la sociedad.
Que estos breves recuerdos sobre mi amigo don Roberto, el político, junto con una plegaria por el descanso eterno de su alma compasiva, sean mi tributo personal al hombre tan grande que perdió recientemente Nicaragua.
* Editor de Opinión de LA PRENSA.