En letra pequeña

Fabián [email protected]

Después del café, ¿qué?

Veinte años después Nicaragua no se termina de recuperar de la brusca desaparición del algodón como uno de sus principales rubros de exportación y fuente de mano de obra, y ya está enfrentando una crisis parecida en el café. Después del café, ¿qué? “Ya se recuperará el mercado, démosle uno o dos años”, dicen los más optimistas. “Busquemos otras opciones… tal vez los no tradicionales”, proponen otros. Lo que me alarma es que igual se decía con el algodón, y por lo menos en aquella ocasión medio se intentó con maní, ajonjolí y hasta con el tempate, aunque nada logró llenar el vacío que quedó en Occidente: tierras ociosas, maquinaria haciéndose chatarra, desempleo, delincuencia, miseria. Ahora, aparte de gritar nuestra desgracia, no se hace nada…

A ritmo de elecciones

Lo triste es que todo lo que se haga en Nicaragua tenga un solo cálculo: las elecciones. Olvídense de que el gobierno va a invertir ahora para que se cosechen resultados en 10 ó 15 años. Lo más que podría hacer es repartir uno que otro paquete de alimentos entre los que más lloran, y ofrecer trabajos temporales de dos a tres meses, o sea, hasta cuando se realicen las elecciones. Luego que el otro gobierno se haga cargo.

Gozar los últimos días

Es que un programa serio, implicaría socarse la faja, y ese es un lujo que no se puede dar el doctor Alemán ahora que está de salida. Si a duras penas logró salvar los megasalarios y el dinero para viáticos y francachelas de la reducción presupuestaria que le impusieron los organismos financieros internacionales. ¡Imagínense! Al contrario, estos últimos meses hay que gozarlos bien, conocer el mundo, pagar favores, vivir la buena vida… No vaya a ser que en enero próximo no se tenga el Presupuesto de la República a la disposición.

Largo plazo

Si algo bueno se podría decir de los regímenes somocista y sandinista es que como ambos se creían perpetuos, cabía la posibilidad de que se pensara en programas de largo plazo, no como ahora que se vive al ritmo de las elecciones.

Reyes

Hace poco hablaba con una amiga francesa sobre Nicaragua:

—El problema de mi país –le decía– es que mientras la mitad de la población vive con menos de un dólar al día, quienes gobiernan están más preocupados por construirse palacios que por cumplirle a quienes los eligieron. Así, en estos últimos cinco años, hay Palacio Presidencial, Palacio de Cultura, Palacio del Poder Legislativo, Palacio de Cancillería… Reyes de un reino de hojalata y cartón…

–Lo mismo sucedió en mi país. Palacios como el de Versalles se construyeron mientras el pueblo se moría de hambre –replica, como diciendo: sucede en todo el mundo.

–Pero no fue por casualidad que al poco tiempo les tenían la cabeza puesta en la guillotina.  

Editorial
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