Manuel Morales, dirigente de la UNAG en Carazo.

Se pierden maizales en Carazo

Lucía Vargas C. – [email protected] CARAZO.- Mil manzanas de maíz sembradas en 60 kilómetros que abarcan las zonas rurales más pobladas de este departamento, no crecieron por falta de lluvia. Sin embargo, los productores anidan esperanzas en la cosecha de frijol, rubro que podría salvar al campesinado de una posible hambruna generalizada. Los campesinos que […]

Lucía Vargas C. – [email protected]

CARAZO.- Mil manzanas de maíz sembradas en 60 kilómetros que abarcan las zonas rurales más pobladas de este departamento, no crecieron por falta de lluvia. Sin embargo, los productores anidan esperanzas en la cosecha de frijol, rubro que podría salvar al campesinado de una posible hambruna generalizada.

Los campesinos que habitan la franja costera, desde La Trinidad hasta El Astillero, sufren la pérdida total de sus maizales, mientras el hambre se posesiona silenciosamente de sus hogares, manifestó Manuel Morales, dirigente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG).

DESCARTAN EXODO

El maíz logró germinar, pero la sequía no le permitió crecer, lo que agudizará la pobreza que ya existe en la vida del campesino. A criterio de Morales, el hambre es una realidad en el campo caraceño que nadie ve, aunque descartó un éxodo como sucedió en el Norte del país.

La esperanza está puesta en la zona alta de la meseta, donde se espera que el frijol se sostenga con las pocas lluvias que han caído en los últimos días, pero sería desastroso que las precipitaciones se arrecien en los 10 días siguientes, cuando hay que cortar, secar, aporcar y luego guardarlo, explicó.

TORTILLA DE TRIGO

La campesina Justina Narváez, habitante de El Polvasal, dijo que perdió una “manchita” de maíz que sembró en un terreno prestado, situación que asegura es igual en toda la comunidad por falta de lluvia

Algunas veces, su familia hace sólo un tiempo de comida a base de tortilla de trigo, porque el maíz está caro en los mercados, y su esposo Pablo González vende leña en Jinotepe, para comprar jabón, aceite y arroz, para alimentar a los seis hijos que tienen, narró.  

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