- Diferente de la tesis del político que roba, pero hace, está la tesis del político que hace, pero roba. Con la primera tesis se pretende justificar el robo, con la segunda no se justifica, porque el “pero” en el caso del político que hace, pero roba, tiene una connotación de condena y desaprobación
León Núñez
Los analistas políticos de Acoyapa no justifican la conducta del político que roba, haga o no haga. Al contrario, la condenan. Sin embargo, me suelo encontrar con muchísimas personas que en cierta manera justifican con descaro irrevocable la conducta del político que roba, pero hace. En este caso el robo cometido por un político se nos presenta como aceptable, pero sí hace.
Yo creo que la justificación señalada proviene de la equivocada creencia latinoamericana de que todos los políticos son ladrones, y que si algunos no roban es porque no pueden. Entonces, la lógica “moralizadora” aplicada a este caso y con la que se pretende justificar la teoría del mal menor, consiste en que si todos los políticos son ladrones, habrá que preferir a los que roban, pero sí hacen. Por esta razón, para los que defienden a estos políticos el colmo de la desgracia de un país pobre, con un gobierno corrompido, sería contar solamente con políticos que roban y no hacen.
Los analistas políticos acoyapinos dicen que la conducta del político que roba, pero hace, debe ser sancionada legalmente con la máxima severidad, aunque tengo la impresión de que en Latinoamérica los que defienden la citada teoría del mal menor, que por cierto son muchos, no verían mal que la obra de progreso realizada por el político que roba, pero hace, fuera considerada por el juez, en caso de ser juzgado, como una causa de justificación constitutiva de una eximente responsabilidad criminal.
Para los defensores de la teoría mencionada, en lo que sí no podría encontrarse una causa de justificación es en la conducta delictiva de un político que además de robar no hace. Entonces no hay duda de que estaríamos en presencia de una agravante de responsabilidad criminal cuando el político roba y no hace.
Desde la óptica de la filosofía lingüística la justificación de la conducta del político que roba, pero hace, la podemos encontrar en la conjunción “pero”. El lector seguramente ha escuchado a gente que ha defendido a algún político con el siguiente e inmoral argumento: “sí, es cierto que roba, pero hace”. La conjunción “pero” le da un carácter de complacencia, de admisibilidad al robo cometido por el político; le da un carácter de normalidad política al acto de robar, pero siempre que el político haga algo por su país.
En este caso, la conjunción “pero”, por ser de naturaleza adversativa, contrapone al verbo robar el verbo hacer, y en esa contraposición dialéctica queda el “hacer” y desaparece el “robar”, es decir, que las obras de progreso realizadas borran lo robado. Por consiguiente, muchas personas son proclives a justificar los robos de los políticos por las obras que hacen.
Diferente de la tesis del político que roba, pero hace, está la tesis del político que hace, pero roba. Tienen sentidos distintos. Con la primera tesis se pretende justificar el robo, con la segunda no se justifica, porque la conjunción “pero” en el caso del político que hace, pero roba, tiene un sentido negativo; tiene una connotación de condena, de desaprobación. En aras de clarificar mejor esta diferencia debemos exponer como ejemplo que no es lo mismo decir: “sí, es cierto que roba, pero hace” que decir “sí, es cierto que hace, pero roba”.
En esta segunda tesis la conjunción “pero” es evidentemente condenatoria, de aquí que la frase “hace, pero roba sea de escasa utilización en los países latinoamericanos, porque aquí la obra de progreso realizada por el político no borra lo que se ha robado, al contrario de lo que sucede con la primera tesis en que lo hecho sí borra lo robado.
Los analistas políticos de Acoyapa, utilizando técnicas propias de la sociología del lenguaje, después de haber estudiado la fenomenología política expuesta anteriormente, llegaron a la conclusión de que debido a la influencia del lenguaje en la política —la política sigue siendo sobre todo un decir—debemos desterrar del vocabulario político latinoamericano cualquier frase justificativa o complaciente con el robo, de tal suerte que en Latinoamérica, mediante una cruzada lingüística contra la corrupción, logremos sustituir para siempre la frase “roba, pero hace por la frase “no roba y hace”.
* El autor es escritor y abogado.