Retos, logros y oportunidades

  • Nicaragua es un país rico, pero se encuentra empobrecido. No estamos condenados a la miseria que es el legado de nuestros propios errores y de la incapacidad de resolver nuestros conflictos internos de una manera serena, cívica y con sentido de nación

Francisco Aguirre Sacasa*

La nación está continuamente cambiando y enfrenta muchos y tremendos retos. Estos incluyen fallas en nuestra idiosincrasia, los antivalores nicaragüenses que he mencionado en varios foros y escritos y que estoy convencido que son la raíz de nuestro subdesarrollo político, económico y social. Me refiero, por ejemplo, a nuestra envidia, viveza de ratón, proclividad por “serruchar el piso”, como se dice popularmente, a nuestros competidores, y a nuestra tendencia a criticar y destruir en lugar de celebrar los logros de otros y de ser constructivos.

Nuestros retos también incluyen debilidades institucionales que son notorias como, por ejemplo, los defectos de nuestro sistema judicial que, a su vez, contribuye a una perniciosa cultura de impunidad. Tenemos problemas de gobernabilidad. Y como pueblo, todavía no tomamos lo suficientemente en serio nuestra responsabilidad para con el medio ambiente que, una vez destruido, requiere de décadas, si no de siglos, para remediar. Un ejemplo de la fragilidad de nuestra ecología es la deplorable condición del Lago de Managua que está prácticamente muerto como recurso debido a décadas de abuso.

A mí juicio, el reto más importante que enfrenta Nicaragua es a la extrema pobreza que es el mal social más corrosivo que enfrenta nuestra sociedad, y nuestro más grande reproche.

Todos conocemos el rostro de la pobreza. Lo vemos en las caras de los vendedores ambulantes y de los niños mendigos que abundan en nuestros semáforos, en las madres empujando carretones de mano en nuestras calles, muchas veces acompañados de sus numerosos retoños que las siguen en fila india. Y, sobre todo, lo vemos en el campo donde cientos de miles de nicaragüenses buscan subsistir en condiciones infrahumanas.

En cuanto a la pobreza, la mala noticia es que Nicaragua es un país donde el ingreso per cápita a duras penas supera un dólar por día y en el que la mayoría de nuestros hermanos y hermanas carecen de los recursos para brindarle una vida digna, de esperanza y sin angustias a sus familias. Nuestros indicadores de alfabetización, de acceso a agua potable y a la electricidad son entre los más bajos de Latinoamérica, y esto a pesar de las enormes inversiones en los sectores sociales realizados por la administración Alemán durante los últimos cuatro años.

Pero la buena noticia es que Nicaragua, con el tiempo, puede superar a esta condición con el trabajo duro de sus hijas e hijos, con la implementación de políticas económicas sanas y creando un clima de confianza que estimule la inversión privada, tanto nacional como extranjera.

Uno de los preceptos básicos de la economía es que el progreso depende de los niveles de inversión. Y la larga experiencia humana, a su vez, nos ha dado amplias pruebas de que la economía de mercado es la llave para estimular la inversión y, por ende, el crecimiento económico sostenible.

Nicaragua es un país rico que se encuentra empobrecido. No estamos condenados a la miseria que es el triste legado de nuestros propios errores y de nuestra incapacidad de resolver nuestros conflictos internos de una manera serena, cívica y con visión de nación.

Yo soy un optimista. Creo firmemente que desde 1990, Nicaragua ha estado en una espiral virtuosa y esperanzadora. Durante la administración Chamorro, iniciamos nuestra transición hacia la democracia, la reconciliación nacional y la estabilización de una economía que, durante los años ochenta, había pasado por una implosión económica y social, la peor hiperinflación del mundo y por un colapso de su capacidad productora y exportadora.

En la administración Alemán, el proceso de la democratización se ha ido profundizando, la reconciliación se ha afianzado y se ha llevado a cabo un programa de inversión pública y privada que ha dotado a nuestra nación de una base de infraestructura económica y social que es una precondición fundamental para su despegue económico. Me siento orgulloso, por ejemplo, que en la administración en que sirvo, se invierte tres veces más en educación pública que lo que se gasta en defensa y la policía combinados.

Y ahora, nos encontramos en el umbral de un tercer período presidencial donde podríamos capitalizar los adelantos de la última década y desencadenar el genio productivo y creativo de nuestro pueblo, logrando, así, niveles de crecimiento que nos permitirían duplicar nuestro ingreso per cápita en una generación.

Este es un año electoral y el pesimismo y hasta el temor está de moda. Pero yo no comparto ese pesimismo, no estoy asustado y definitivamente no estoy empacando mis valijas. Todo lo contrario. Me siento optimista porque confío en el sano criterio político del pueblo nicaragüense.

Estoy convencido que nuestros mejores días como nación están por delante. Con unidad de propósito, y con un liderazgo democrático, maduro, acertado, íntegro y patriótico, podremos sacar adelante a esta empresa que yo suelo llamar Nicaragua S.A. Podremos cerrar el capítulo en que nuestra rica nación se convirtió en un país pordiosero. Nicaragua puede despegar, de nuevo, y ser un miembro vibrante, activo y relevante de la comunidad de las naciones, y no una carga para los donantes y nuestros compatriotas en la diáspora.

Pero Nicaragua —el país más joven de las Américas— necesita de su juventud para salir del hoyo en que por demasiado tiempo se ha encontrado hundido.

“Carpe diem” escribió hace 2,000 años el gran poeta romano, Horacio. Esas dos palabras son un consejo poderoso que se traduce en “aproveche el momento”. Los dejo con ese mismo pensamiento, con esa misma consigna. Por el bien de su patria, carpe diem, aprovechen el momento, y sean ciudadanos productivos, activistas y agentes de cambio positivo en esta su patria que tanto los necesita. ¡Sean relevantes!

* Canciller de Nicaragua. Estracto de su lección inaugural en la Universidad de Ciencias Comerciales, el 28 de junio del 2001.  

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