Edgard Tijerino [email protected]
Al amanecer de aquel 17 de julio de 1941, Joe DiMaggio parecía estar en busca de un tercer período consecutivo en la Casa Blanca… Seguía siendo el hombre de las ocho columnas con su electrizante racha… En el planeta Béisbol, nadie podía permanecer indiferente.
El “vamos a ver a Joe alargar su racha a 57”, llenó desde muy temprano el Estadio de Cleveland, mientras “El Clipper”, con esa frialdad aparente, se preparaba en el vestidor Yanqui para “otro más”.
Desde que superó a Sisler y Keeler, llevando la racha a 45, una cifra que también le hubiera permitido ser el único hasta hoy, Joe había estado batallando por no parar.
Se pensaba que sólo pitcheres del calibre de Bob Feller, Dutch Leonard, Dick Newsome y Thorton Lee, los “ases” de aquella época, podrían congelar su ímpetu, no Al Smith, un zurdo que ganó 12 y perdió 13 con 3.83 en efectividad, y Jim Bagby, derecho con balance de 9-15 y 4.03 en carreras limpias.
Pero, no fue propiamente un pitcheo enérgico lo que sujetó a Joe, sino el fildeo fantasioso del antesalista Kent Keltner, que juntó un par de reacciones musculares con esa precisión sólo posible en maquinarias de reloj suizo, con los reflejos de una pantera y la seguridad que muestra un tiburón cuando aprieta la presa, para robar dos posibilidades de hit.
Ahí estaba Joe en su turno del primer inning ante Smith, cobijado por 68 mil rugidos… Vino el swing sobre un lanzamiento rápido, y un silbido salió de su bate. En tercera, Keltner voló sobre el costal para ahogar la línea, recuperarse a tiempo y sacar un gran out en primera, escribió el ganador de Premio Pulitzer, Arthur Daley del New York Times, en su libro “Grandes Momentos”.
Smith boleó al Clipper con conteo máximo en el cuarto inning en medio de la frustración del público, y en el séptimo, con el tiempo agotándose, vino el tercer duelo… Relata Daley que Joe fue encima de una curva y su línea hacia tercera base dio la impresión de seguir al jardín izquierdo… Bueno, eso se creía, pero Keltner pareció ser producto de uno de esos juegos de Nintendo volcándose vertiginosamente hacia la raya. Su atrapada con el guante de revés y tiro certero, malograron a DiMaggio… El “¡Oh no!”, se escuchó hasta el la Pirámide de Keops.
Los 68 mil se resistían a creer lo visto, pero terminaron regresando resignadamente a sus butacas… Con los Yanquis como visitantes y el juego 1-1, Joe tendría otro turno seguramente… En el octavo, los Yanquis se fueron adelante 4 por 1 cuando DiMaggio entró al cajón de bateo con dos a bordo y un out… Fue entonces que Jim Bagby entró al relevo. Él había sido golpeado por jonrón de Joe el 15 de junio, pero tomó su cita con la historia con aplomo… El conteo estaba en 1-1 cuando DiMaggio conectó un roletazo hacia el short que Lou Bodreau, resolviendo un brinco extraño, convirtió en doble play.
Ciertamente, no hay racha que dure 100 años, aun bateando Joe DiMaggio, ni pueblo que la resista… Esa es nuestra esperanza.