Criminales contra periodistas

Freddy [email protected]

El asesinato de Parmenio Medina Pérez, quien durante 28 años ejerció un periodismo frontal contra la corrupción, según informan los medios costarricenses, en su programa radial “La Patada”, realmente causa tristeza, pero también indignación porque los viles cobardes sólo así lo pudieron callar.

No es para menos que el periodismo y la población costarricenses estén impactados. Los desgraciados mafiosos, lejos de tener valor para enfrentar las cosas limpiamente, suelen mandar a asesinar a los periodistas que les descubren sus actos de corrupción, ya sea en las esferas del Estado o fuera de las instituciones públicas.

En los últimos días el periodismo latinoamericano se ha visto sacudido violentamente también con los asesinatos de los periodistas colombianos Jorge Enrique Urbano Sánchez y José Duviel Vásquez.

Y seguramente que en Nicaragua a más de algún delincuente vestido de saco y corbata no le faltan ganas de hacer lo mismo. Sin embargo, al menos el círculo de sospechosos, a pesar de ser amplio, estaría claramente identificado porque los nombres de los corruptos han ido quedando archivados, así como el de los mafiosos, narcotraficantes y los defensores de éstos.

De allí la importancia de solidaridad entre los periodistas frente a los criminales y a los corruptos, ya sea dentro o fuera del Estado. Lejos de pensar que el periodista debe abandonar su misión cuando se asesina a un colega, cada día se hace necesario que los hombres y mujeres de prensa sean los fiscalizadores de los bienes del Estado y de los negocios entre el Estado y los particulares, o de los actos entre particulares siempre y cuando éstos últimos lesionen los intereses de la sociedad en general.

Esperemos que en Nicaragua las cosas no lleguen al punto de asesinar a otro periodista, como ya ocurrió con el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Ojalá que la firma de la Declaración de Chapultepec por parte de los políticos en la casa de la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro, surta efecto positivo y que respeten a los periodistas.

“El asesinato, el terrorismo, el secuestro, las presiones, la intimidación, la prisión injusta de los periodistas, la destrucción material de los medios de comunicación, la violencia de cualquier tipo y la impunidad de los agresores, coartan severamente la libertad de expresión y de prensa. Estos actos deben ser investigados con prontitud y sancionados con severidad”, reza el cuarto principio de la Declaración de Chapultepec, que debemos promover con firmeza.

Los periodistas debemos seguir denunciando los actos de corrupción, las barbaridades de los funcionarios públicos, de los policías, de la casta militar, de los empresarios que pretendan perjudicar a la sociedad. Es necesario que contribuyamos al fortalecimiento de la institucionalidad del país haciendo que se respete a los ciudadanos, a las leyes y que exijamos a los funcionarios públicos trabajar por el bienestar de la población que es la que paga sus impuestos para que funcione el país.

No es hora de lamentarse, sino de seguir destapando a los corruptos.  

Editorial
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