Adolfo Bonilla
Como en los últimos tiempos se ha mencionado el interés de solucionar el problema del transporte colectivo urbano de la capital de una manera “integral”, lo cual es realmente plausible, a continuación se sugiere una breve lista preliminar de aspectos que deberían atenderse para comenzar a poner en marcha esa magnífica intención (que ojalá no sea sólo un “tapazo” político más del “Taller Cajina”):
1.– Realizar un estudio concienzudo del servicio del transporte colectivo urbano capitalino para su funcionamiento eficaz en los próximos veinte años, con etapas claramente definidas.
2.– Eliminar el monopolio del transporte.
3.– De inmediato, revisar recorrido de cada ruta y elaborar un nuevo itinerario para cada línea, que contemple: a) espera prudencial que le permita a los pasajeros subir y bajar sin presión; b) horas de mayor y menor tráfico; c) zonas donde el bus viaja lleno o vacío, etc.
4.– Adquirir nuevas unidades de transporte, pero mientras tanto las ya existentes deben llenar requisitos mínimos, tales como: a) que funcionen bien los frenos; b) que funcione timbre para solicitar parada; c) que los asientos estén en buen estado; d) que el número de la ruta se distinga con claridad no sólo adelante, sino también atrás y a ambos lados, e) si lleva radio, que se mantenga con el volumen al mínimo.
5.– Los conductores de autobuses deben: a) llevar uniformes (al igual que los cobradores, mientras permanezca ese sistema); b) no manejar temerariamente (no zigzaguear bruscamente, no arrancar ni girar ni frenar abruptamente); c) respetar a los pasajeros, a los transeúntes, a los demás conductores de vehículos en circulación, y las señales de tránsito; d) recoger y dejar pasajeros sólo en sitios señalados para tal efecto; e) no bloquear las bocacalles; f) no pitar innecesariamente.
6.– Programar cursos de manejo de vehículo de transporte de pasajeros para los conductores.
7.– Mantener cursos continuos de Relaciones Humanas para conductores y colectores.
8.– Las paradas de buses deben adecuarse con sus respectivas bahías y rótulos señalando las rutas que pasan por allí.
9.– Establecer vigilancia policial especial para que esto se lleve a efecto, incluyendo multas y/o suspensión de licencia a los conductores que infrinjan las reglas establecidas, según seriedad de cada caso.
10.– Determinar —sin intereses político partidarios— la entidad reguladora de este sector del transporte, con autoridad y atribuciones específicas, claras y definitivas.
11.– Canalizar la voz de los usuarios de una manera eficaz por algún medio legítimo y permanente.
12.– Establecer como norma para todos los involucrados en este asunto que éste es un servicio público a la población, que el pasajero es el que debe tener siempre la razón y que es mucho más importante el respeto y la seguridad de las personas que el cumplimiento de un itinerario y los réditos de un negocio.
¿Será posible lograr estos objetivos algún día? ¿O continuará siendo esta aspiración una simple quimera en un país de juguete, de mentira?.
* El autor es periodista.