Joaquín Cuadra*
¿Estamos los nicaragüenses condenados a vivir una continua desintegración familiar a causa de la emigración política o económica? ¿Qué proponen quienes aspiran a ser los futuros gobernantes para frenar esta situación?
Nicaragua actualmente produce menos de la mitad (el 48 %) del PIB promedio de cada uno de los países de la región centroamericana. Si a ello agregamos las consecuencias de la corrupción generalizada en las esferas gubernamentales, la disminución prevista en las inversiones públicas y privadas y el descalabro en el precio del café, no es difícil comprender las causas de la creciente emigración de nicaragüenses hacia el exterior y particularmente hacia Costa Rica.
En la década de los ochenta, a raíz de la guerra en que nos vimos envueltos los nicaragüenses y las consecuencias sociales y económicas de la misma, la migración de nicaragüenses hacia el exterior se masificó, principalmente entre los jóvenes.
La llegada de la paz en mil novecientos noventa no significó el fin de la pobreza. A pesar del triunfalismo en las cifras oficiales sobre la situación económica del país en los últimos años, el número de personas que viven en la miseria material ha aumentado. Se estima que en Nicaragua existen tres millones y medio de personas que viven en estado de pobreza.
Esta es la causa principal para que a diario centenares de hombres y mujeres se vean obligados a salir del país a ganarse el pan de cada día de ellos y sus familias lejos del terruño y de sus seres más queridos. Se calcula que en Costa Rica hay entre 350 mil y medio millón de nicaragüenses y otro tanto similar en los Estados Unidos.
Las remesas familiares son el principal sustento del 20 % del total de hogares nicaragüenses y constituyen parte de su estrategia de supervivencia, con un costo que no aparece en las estadísticas económicas como son el desarraigo, la separación familiar, la lucha por insertarse en un medio extraño con exposición al rechazo social y eventualmente la persecución legal, ya que la mayoría de nuestros compatriotas que emigran lo hacen ilegalmente.
Pero si bien ya la pobreza ha obligado a centenares de miles de nicaragüenses a alejarse de la patria a buscar mejores oportunidades, igual o más preocupante y doloroso es que el 75 % de los jóvenes deseen emigrar porque no ven oportunidades en las circunstancias actuales que vive el país.
Por ello el principal desafío de los nicaragüenses al iniciar este milenio, es derrotar la pobreza. Conseguir este objetivo exige un esfuerzo nacional supremo que con una activa participación ciudadana debería ser encabezado por el futuro gobierno, indistintamente de su sello político. En caso contrario la sociedad nicaragüense continuará experimentando la desintegración social, quizás de manera irreversible.
Las preguntas que encabezan estas reflexiones siguen planteadas. Este es un tema que debería ocupar un lugar prioritario en la campaña electoral pero al igual que otros está ausente.
Los partidos políticos y los candidatos participantes en las elecciones deberían presentar sus propuestas y consideraciones acerca del drama económico y humano que es la migración externa.
Más de un millón de familias nicaragüenses que se han visto obligadas a la separación por las circunstancias económicas, esperan una propuesta al respecto.
* General retirado. Presidente del Movimiento de Unidad Nacional.