Un economista recientemente comentó en la sección Negocios y Economía de LA PRENSA (junio 15, 2001), que en “Nicaragua no hay profesionales buenos, sino que hay sobreabundancia de profesionales mediocres”. La tragedia de Nicaragua consiste en que los profesionales “buenos” cuando ocupan importantes cargos en el gobierno como ministros, diputados, magistrados de CSJ, CGR, CSE, presidente del BCN, presidente ejecutivo de instituciones autónomas, etc., lamentablemente no ponen en práctica sus altos estudios profesionales a nivel de master, doctorado, etc., sino más bien su participación como servidores públicos se ha limitado a actuar como cómplice y/o encubridor de la corrupción que se ha practicado desde los Somoza hasta nuestros días.
En materia de calidad profesional (abogados, economistas, médicos, ingenieros, etc.), Nicaragua se encuentra entre la espada y la pared. En la pared están los profesionales “buenos” cuyos antecedentes ya conocemos en el sector público, en tanto los “mediocres” en la espada, a quienes se les margina en cargos públicos y privados por su bajo nivel académico.
Para elevar la calidad de los recursos humanos y balancear estos extremos, los “buenos” profesionales deberían salir al rescate académico de sus colegas “mediocres”, con becas, seminarios, pero sin enseñarles las “técnicas” para actuar como cómplice y/o encubridor de corrupción.
Tomás Mora M.,
Barrio Monseñor Lezcano.