María Antonia López M. [email protected]
Un sector de ganaderos y exportadores han criticado en diversas ocasiones el Tratado de Libre Comercio entre Nicaragua y México, vigente desde el primero de julio de 1998. Los entrevistados aseguran que una serie de medidas no acordadas han afectado las relaciones comerciales que se auguraban exitosas.
Juan Tijerino, ganadero y miembro de la Junta Directiva del matadero Nuevo Carnic, manifestó que el TLC con México fue una defraudación completa porque inicialmente se acordó la exportación de carne, “estábamos ilusionados, pero después por influencia de amigos lograron meter el ganado en pie”.
Este sector se ha mostrado inconforme en los últimos meses desde que ganaderos afiliados a la Federación de Asociaciones Ganaderas de Nicaragua (Faganic) contrajeran un acuerdo con el grupo mexicano Viz para la venta de ganado en pie, sin tomar en cuenta la posición de los mataderos industriales.
Según Tijerino, los mexicanos han puesto una serie de trabas a la introducción de la carne nicaragüense, iniciando con el cambio de puertos de embarques, y luego con una serie de trámites burocráticos que atrasan la llegada del producto a su destino final.
Auguró que el TLC Nicaragua-México es un mal presagio de lo que podría ser el Plan Puebla Panamá, “ya que a los débiles nos discriminan. Es una mala experiencia. Ellos persiguen proteger a su industria dando mayor valor agregado”.
Tijerino consideró que la intención de los mexicanos es convertir al país en maquiladores y exportadores de materias prima.
Para el ganadero, la alternativa es que el gobierno haga efectivos los acuerdos y una revisión honesta. “Creo que el Tratado no funciona porque no hay voluntad”, recalcó.
Las trabas mexicanas
Alfredo Marín, presidente ejecutivo del Matadero San Martín, manifestó que el Tratado no ha dado los resultados esperados en cuanto a las exportaciones de carne.
Marín enumeró las trabas que los mexicanos han puesto en ese sentido. En primer lugar, cambiaron los puertos de entrada, además requieren trámites burocráticos que duran hasta 15 días, cambian las partidas de registro cada año para las exportaciones hasta definir la nueva cuota, las inspecciones son constantes, obligando al producto a perder calidad.
Según el exportador, el gobierno de Nicaragua no puede protestar ante dichas arbitrariedades por temor a que ese país suspenda el crédito petrolero.
Impiden la entrada de partes de las reses (vísceras), sin pagar impuestos. La res procesada paga tributos de hasta un 4 por ciento.
Mientras tanto, se muestran flexibles ante todos los productos que impliquen entrada de materia prima.