Kafejnica, Maiznica

Ricardo Alvarado Noguera (*) Recientemente tuve la oportunidad de visitar la exótica Letonia, atendiendo fina invitación de la Universidad de Vidzeme. Viajé por tierra desde Tallin, Estonia, a Valmiera, en territorio letón, para posteriormente guarecer con agrado en la romántica Riga, la capital. Fue un capítulo exquisito que me permitió intercambiar experiencias con estudiantes, empresarios […]

Ricardo Alvarado Noguera (*)

Recientemente tuve la oportunidad de visitar la exótica Letonia, atendiendo fina invitación de la Universidad de Vidzeme. Viajé por tierra desde Tallin, Estonia, a Valmiera, en territorio letón, para posteriormente guarecer con agrado en la romántica Riga, la capital. Fue un capítulo exquisito que me permitió intercambiar experiencias con estudiantes, empresarios e intelectuales, conocer un poco del modelo letón de desarrollo y, por supuesto, departir con los anfitriones en los kafejnica (cafeterías). Además, visitar los mercados para saborear el tradicional cerdo asado y el gustoso bálsamo negro, ser testigo de la intensa pasión popular por la ópera y el hockey sobre hielo, y descubrir la existencia de cientos de facetas folclóricas. Entre éstas sobresalen las de las vigorosas microempresas, de cuyos rótulos llamaron mi atención no pocas palabras letonas terminando en nica, como maiznica (panadería), viesnica (hotel).

w El despegue

Letonia vivió una época oscura, oprobiosa. El infortunio para esta república báltica, próspera en los años 20’ y 30’, se inició en 1939 como resultado del cruel tratado nazi-estalinista “Molotov-Ribbentrop”. Poco después, bajo el yugo de las bayonetas, Letonia pasó a formar parte de la hoy extinta URSS. Miles de letones fueron deportados a los tristemente célebres campos de concentración soviéticos, GULAG. La colectivización forzosa y otras formas de represión afloraron odiosamente a raíz de la ocupación. A pesar de la tormentosa pesadilla, el pueblo letón mantuvo vivo su espíritu emprendedor, preservando inmutables sus sagrados anhelos de libertad y democracia.

Letonia recuperó su independencia hace una década. Rápidamente se incorporó a la Organización de las Naciones Unidas, y se integró al Fondo Monetario Internacional y a otras importantes organizaciones. Actualmente dedica denodados esfuerzos para formar parte de la Unión Europea. Riga, su refinada capital, cautiva con sus encantos a cuanto visitante camina por las veredas de sus verdes parques, los atrios de sus encantadoras iglesias y los jardines de sus impecables plazas. Igualmente hechizan las prolíficas microempresas letonas, potentes ingredientes del movimiento económico. Pequeños empresarios como Ints Runis y Gints Vartins, del sector metálico, no escatiman entusiasmo para cumplir en tiempo y forma con pedidos de Alemania y Dinamarca; o como Vladislavs Livdans, quien muestra orgulloso su software para sistemas de seguridad.

Letonia goza de uno los mayores índices de inversión extranjera en Europa central y del este. En 10 años, el país ha logrado consolidar una red de empresas competitivas en el ámbito global, en campos que incluyen la biotecnología y la información tecnológica. Un excelso grupo de universidades, la Agencia Letona de Desarrollo y las asociaciones empresariales, acompañados de un moderno sistema bancario, han posibilitado que varias Pymes destaquen en áreas tan exigentes como las de fibra óptica para equipos láser. Sin embargo, para Ilze Trapenciere, reconocida socióloga de la Universidad de Letonia, no faltan los casos de severa pobreza, principalmente en zonas rurales.

w El mercado central

Sería inexcusable visitar Riga, que este año cumple su octavo centenario, y no pasarse unas cuantas horas en el bullicioso mercado central. Letones, rusos, lituanos ofrecen de todo y hasta lo que no hay. Abundan las rosquillas tipo rivense, el queso seco —algún letón estuvo en Chontales—, el cerdo preparado en cien variedades, y hasta los alfajores. También las bebidas de todos los colores y sabores, flores, hierbas y frutas —desde especies de jocotes hasta nancites—, mil gritos y unos cuantos bochinches son parte del alegre y singular menú en el que conviven y transitan miles de personas. Es posible lograr buenos descuentos y adquirir bonitas piezas de ámbar. Pero, para ello, se recomienda llegar a la hora de las telenovelas. En Letonia las telenovelas latinoamericanas causan sensación, al igual que las canciones de Jennifer López y Ricky Martin. Si se llega a los módulos a la hora de las telenovelas, puede ser que se obtengan mejores precios. Especialmente si el visitante identifica su origen latino y hace gala de improvisadas habilidades danzantes en las artes de la salsa, eso sí, evitando lastimar los pies de la simpática vendedora.

Por la noche veraniega vale la pena irse a algún kafejnica y sentarse a la orilla de la calle. Ahí se podrá ser testigo de la fusión del sol con la luna y escuchar las ricas experiencias que los letones con gran dignidad, conscientes de las tragedias del pasado y seguros del futuro, atesoran para las nuevas generaciones.

(*) Encargado de Negocios a.i. en Finlandia.  

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