Migdonio Blandón B.*
De tiempos inmemoriales origen y destino del hombre, han motivado distintas controversias, caracterizándose conforme la cultura de los involucrados. Ha sido la inquietud del misterio de lo desconocido que por los atributos especiales de inteligencia, libertad y voluntad otorgados por el Creador a los humanos, por distintos medios permanece latente el interés de desentrañarlo.
Así como seres pensantes, por generaciones con esa latente inquietud, los estudiosos valiéndose de legados ancestrales; por la ciencia y la técnica se han producido grandes avances en lo material y el conocimiento parcial del cosmos, sin que ello haya servido para descubrir misterios exclusivos del Ser Supremo que sólo revela por la fe a quienes con humildad le han reconocido como Padre.
Los humanos, privilegiados por dones especiales que el Creador ha querido darnos, tenemos la capacidad de ser creadores y transformadores en lo referente a lo material, siempre que cultivando dichos dones debidamente utilizados y haciendo uso del raciocinio se aprovechan para el bien o para el mal. Lo que solamente Él se reserva, es el derecho a la vida que nadie puede crear y está vedado quitar.
Aunque la ciencia se ha esforzado no ha podido crear la vida ni prolongarla más allá de lo permisible por su Dueño, al que además de ella y la subsistencia, debemos el privilegio de distinguirnos de la generalidad de los seres vivientes, elevándonos incluso a la categoría de hijos Suyos, para al final, trascendiendo a Su Presencia ser recibidos conforme lo hubiésemos merecido.
Antes de nuestra era, Él se manifestaba por los profetas; y a través de ellos dejó sus mandamientos, como guía para enseñarnos a vivir a plenitud; y, hace dos milenios, se humanizó en Cristo Jesús, enseñándonos el camino cómo llegar a Su Reino, redimiéndonos con su muerte y resurrección, y cumplida su misión, ha querido guiarnos enviando el Espíritu Santo a su Iglesia.
El derecho exclusivo a la vida de sus criaturas privilegiadas, que ciencia ni técnica pueden crear ni prolongar, nadie tiene el derecho a quitarla; por lo que: aborto, eutanasia, homicidio y suicidio, son asesinatos de lesa humanidad que violan lo dispuesto por Dios, y que los transgresores sólo el Todopoderoso sabrá qué hacer con dichos usurpadores de Sus derechos.
Así, ni clonación, inseminación, ni otras formas de reproducción pueden llamarse creación de vida, ya que ésta, sea de cualquier especie, es la semilla sembrada en terreno apropiado la que nadie podrá alcanzar la fórmula de sustituir. Se han hecho cambiantes cruces por la evolución, pero el origen y destino, sólo Dios con su infinita sabiduría conoce de principio a fin (Alfa y Omega).
Un artículo publicado por La PRENSA, escrito por Carlos A. Montaner, comentando otro del cubano Rafael García Bárcenas, ambos titulados: “Redescubrimiento de Dios”, refieren que la más reputada comunidad científica se está interesando en la idea de Dios con sumo interés. Pues la teoría de Darwin impuesta en parte del mundo, había llegado a minimizar la Biblia e ignorar al Ser Supremo.
Se había mediatizado al Todopoderoso, reconocido por Newton y científicos de su época; pero actualmente, repetimos, en lo más reputado de la ciencia, vuelve la idea de Dios, y que si con humildad le buscan, sería la apertura a la gracia de la fe. Así el famoso bioquímico Dr. Michael J. Behe, después de complejos estudios en estructuras celulares, dice se ha convencido que no pueden explicarse y que debe existir una inteligencia superior que le da forma y sentido a la vida.
Podríamos agregar que aunque el Omnipotente, dueño y creador de todo lo que existe, permitiese que todo el mundo fuese poblado de sabios, nunca podrán descubrirse sus misterios, y que a Él, sólo puede conocerse con humildad y con amor.
* El autor es miembro de EDUQUEMOS