El alma de las cooperativas

Silvio Castillo Díaz Es doloroso describir a Nicaragua como un país donde “lo absurdo y lo contradictorio” (Carlos René Ramírez, Cooperativas, huelgas y otros), se conjugan en presente del indicativo; cuanto sería mejor que se conjugasen en imperfecto. Sin embargo, el futuro sería diferente y mejor en el cooperativismo nicaragüense si se trabajase bajo la […]

Silvio Castillo Díaz

Es doloroso describir a Nicaragua como un país donde “lo absurdo y lo contradictorio” (Carlos René Ramírez, Cooperativas, huelgas y otros), se conjugan en presente del indicativo; cuanto sería mejor que se conjugasen en imperfecto. Sin embargo, el futuro sería diferente y mejor en el cooperativismo nicaragüense si se trabajase bajo la misión y acciones originales de una cooperativa.

Comencemos analizando el concepto cooperativo. Una cooperativa, según la Alianza Cooperativa Internacional “es una asociación autónoma de personas voluntariamente reunidas para satisfacer sus aspiraciones y necesidades económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa cuya propiedad es colectiva y donde el poder es ejercido democráticamente”.

Si penetramos en el contenido de esta definición, descubrimos que una cooperativa no es sindicato, sino una empresa cuyos copropietarios cooperan (laboran) por y para el bien común (material y humano) no sólo de los miembros socios sino también de la comunidad, cuyo objetivo es satisfacer las necesidades económicas y sociales de sus socios.

Normalmente, una cooperativa es creada sin fines de lucro. Sin embargo, si llegase a acumular mucho capital, éste debe ser distribuido entre los socios, respetando los valores de igualdad y equidad, y en la empresa para ofrecer un mejor servicio a los usuarios.

Asimismo, una cooperativa pertenece a todos los socios. Ellos son los copropietarios que aportan un capital bajo la forma de aporte social que les da el poder de participar en la propiedad a través del funcionamiento de la democracia parlamentaria. Una cooperativa es pues una empresa controlada por una asociación de personas y no por un individuo de manera dictatorial o fraudulenta. Se trata de una combinación de dos estructuras: una estructura asociativa, según las reglas democráticas, y una estructura empresarial que funciona según las reglas que le impone la asociación de los socios.

Para que toda igualdad exista es fundamental que la organización de toda cooperativa descanse en los principios y reglas de funcionamiento que son el alma de la fórmula cooperativa y que concretizan sus valores. Estos principios están inscritos en la Declaración sobre identidad cooperativa de la ACI, siendo:

1. Adhesión voluntaria y abierta a todos

Una cooperativa es apartidaria y no puede negar la adhesión a un individuo que no comulgue con la convicción partidaria de un líder “cooperativista”.

2. Poder democrático ejercido por todos

La democracia tiene que ser la reina y señora del sentir y actuar de cada uno de los cooperativistas. Estas empresas tienen un poder democrático que desecha los antivalores del autoritarismo y totalitarismo. La participación en el poder no depende del número de aportes económicos que tienen los socios ni del volumen de participación, sino que se debe respetar la regla: una persona, un voto.

3. Participación económica

Cada socio tiene que aportar un capital social inicial de un mismo valor.

4. Autonomía e independencia

Las cooperativas no deben depender ni del gobierno ni partidos políticos. Pueden iniciar a laborar con una cierta subvención o préstamos, sin perder de vista la autonomía e independencia, sin obviar la globalización.

5. Educación, formación e información

Una cooperativa está en el deber de educar a sus socios al mundo cooperativo y no salvaje. Debe poseer además un sistema de formación permanente no sólo desde el punto de vista cooperativo sino también técnico profesional. Su dinero es para formar hombres y mujeres honorables con altos valores humanos y cristianos, todo con el objetivo de brindar un mejor servicio a sus socios y a la comunidad.

6. Cooperación entre las empresas

Una cooperativa no existe para rivalizar o destruir a otra cooperativa; sino por el contrario, para establecer lazos de cooperación social y comercial.

7. Compromiso con la comunidad

Una verdadera cooperativa además de pensar en sí misma, se inclina también a favor de la comunidad. Si tiene un capital con el que ya satisfizo las necesidades económicas y sociales de sus socios, debe entonces establecer un presupuesto para colaborar con la comunidad: otorgar becas, pensar en el medio ambiente, ayudar a los hospitales, escuelas, no abusar de los clientes o usuarios, ni destruir los bienes públicos, etc.

He ahí el alma de una cooperativa. Ahora nos resta tomar conciencia de que una cooperativa es un modo de vida humano donde —como lo dice don Carlos René Ramírez— se trata de “eliminar el egoísmo, la envidia, el individualismo y el aprovechamiento personal”. Es una empresa donde el cooperar cristiano y democrático son los ejes fundamentales. Ahora tenemos un reto por delante: informar y formar. Seamos todos los cooperativistas de Nicaragua ejemplo de respeto para nosotros mismos y para la comunidad.

El autor es Master en Gestión y Desarrollo de Cooperativas Université de Sherbrooke, Quebec, Candá  

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