- El culpable de la muerte de 168 personas no mostró ni sombra de arrepentimiento y deja un poema desafiante como último escrito
- El terrorista más grande de la historia de EE.UU. es el primer prisionero de nivel federal ejecutado en 38 años. “Se hizo justicia”, dijo Bush
Rex W. Huppke (AP)
TERRE HAUTE, INDIANA, EE.UU.- Timothy McVeigh fue ejecutado el lunes por el mismo gobierno estadounidense que odiaba, después que la justicia lo condenó por matar a 168 personas en un atentado dinamitero en Oklahoma City hace seis años. McVeigh murió en silencio, con los ojos abiertos y sin ninguna muestra de remordimiento.
En vez de hacer una declaración final, el condenado, de 33 años de edad, emitió una copia del poema “Invictus’’, de 1875, que concluye con los versos “Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma’’.
A las 8:14 locales (06:14 en Nicaragua), el director de la prisión Harley Lappin declaró que McVeigh se había convertido en el primer prisionero federal ejecutado en 38 años.
En Oklahoma City, 232 sobrevivientes y familiares de las víctimas se congregaron para presenciar la ejecución por circuito cerrado de televisión en transmisión enviada desde Terre Haute, Indiana. Otros se abrazaron en el monumento que ahora marca el sitio donde ocurrió el atentado.
McVeigh vestía una camiseta blanca, pantalones color kaki y zapatos deportivos. Su cara estaba pálida y su cabello muy corto.
LA EJECUCION
La inyección letal fue administrada en la pierna derecha de McVeigh. El reo tuvo contacto visual con sus cuatro testigos, y luego con 10 testigos de los medios de comunicación; después miró con los ojos entrecerrados hacia la ventana de vidrios coloreados que le impedía ver a los 10 sobrevivientes que acudieron para ser testigos de su ejecución.
Cuando le fue suministrada la primera droga, dejó escapar un par de suspiros profundos, seguidos por una respiración agitada. Su cabeza se movió hacia atrás, su vista se fijó en el techo y sus ojos se tornaron vidriosos.
En Washington, el presidente George W. Bush declaró que McVeigh había “enfrentado el destino que eligió hace seis años. Las víctimas del atentado de Oklahoma City no obtuvieron venganza, sino justicia”.
“Para los sobrevivientes del crimen y para las familias de los muertos, el dolor sigue. El castigo final contra el culpable no puede por sí mismo traer paz a los inocentes. No puede recuperar la pérdida ni equilibrar la balanza y no pretende hacerlo’’, dijo.
En una carta reciente al diario Buffalo News, McVeigh dijo que su cadáver sería entregado a uno de sus abogados y cremado. Pidió que sus cenizas fueran esparcidas en una ubicación no conocida.
Larry Whicher, hermano de una de las víctimas, dijo que el condenado miró directamente a la cámara con una mirada fija e inexpresiva momentos antes de su muerte, “y esa mirada fue muy elocuente’’. La cámara estaba suspendida del cielo raso.
‘’Él tenía una mirada desafiante de que si pudiera lo volvería a hacer’’, agregó Whicher. “No creo que se haya entregado al Señor. No creo que se haya arrepentido y creo que está en el infierno’’.
El día antes de su ejecución, los abogados de McVeigh dijeron que el condenado lamentaba por los que habían sufrido pero que no se arrepentía de haber detonado la bomba en el peor acto de terrorismo en territorio estadounidense.
EL ROSTRO DEL MAL
“Creo que hoy hemos visto el rostro del mal’’, dijo Kathy Wilburn, cuyos nietos Chase Smith, de 3 años, y Colton, de 2, murieron en el atentado de 1995. Varios de quienes presenciaron la ejecución, ya fuese personalmente o por televisión, se quejaron de que la muerte por inyección fue demasiado compasiva para McVeigh. “No sufrió nada. El hombre sencillamente se durmió o, mejor dicho, el monstruo’’, dijo la sobreviviente Sue Ashford, que vio la ejecución personalmente. “Creo que tendrían que haberle hecho lo mismo que él hizo en Oklahoma’’.
UN DESAFIANTE A DIOS A LA VIDA
El terrorista Timothy McVeigh se declaró “invicto”, según un poema que, a modo de “última declaración”, dejó preparado antes de morir, de acuerdo a la agencia EFE.
– Tal como ya lo había hecho desde que fue detenido en 1995 por el atentado en Oklahoma City, McVeigh, de 33 años, citó —esta última vez por escrito— al poeta del siglo XIX, William Ernest Henley, en un verso titulado “Invicto”.
– McVeigh escribió “textualmente, palabra por palabra, coma por coma” el poema de Henley, en una hoja en la cual usó la fecha, 11 de junio del 2001 y firmó, según relató un testigo de la ejecución.
El poema expresa textualmente:
“En la noche que me cubre,
tenebrosa como el abismo de polo a polo,
doy gracias a cualesquiera dioses que puedan haber
por mi alma inconquistable.
Al caer en la trampa de las circunstancias
no he gemido ni he gritado
bajo los golpes de la suerte
tengo la cabeza ensangrentada pero erguida.
No importa cuán estrecho sea el portal
cuán cargado con castigos el edicto
Soy el amo de mi destino
Soy el capitán de mi alma”.