Isabel L. de CastilloSoció[email protected]
Me parece magnífico el editorial de LA PRENSA del viernes 8 de junio sobre la penosa —yo agregaría también trágica— actuación del Consejo Supremo Electoral (CSE), que por acción y omisión está poniendo seriamente en entredicho la credibilidad y legitimidad de todo el proceso electoral.
La posición de los cuatro magistrados del CSE que son incondicionales al presidente Alemán, de rechazar la candidatura vicepresidencial de José Antonio Alvarado a través de una inhibición amañada, es una vergüenza nacional.
Ellos están demostrando que el pacto PLC-FSLN lo que hizo fue politizar al organismo electoral de Nicaragua hasta el punto de perder totalmente cualquier credibilidad e imparcialidad que la ciudadanía confiaba algún día obtuviera.
Hasta allí llegaron nuestras esperanzas de una institucionalidad libre de corrupción y de influencias indebidas.
La politiquería del CSE, además de poner en entredicho la honestidad y transparencia de las futuras elecciones, nos deja a los nicaragüenses con la seria duda de si, después de haber luchado por tantos años en favor de una auténtica democracia representativa, nuestros votos van a ser realmente contados el próximo 4 de noviembre, y que a cambio estaremos a merced de dos dirigentes que desde arriba siguen moviendo las cuerdas.