Edin Hernández (AFP)
GUATEMALA.- El obispo guatemalteco Juan Gerardi fue un pastor que por su lucha al lado de los indígenas en contra de la represión militar murió asesinado hace tres años.
Nacido el 27 de diciembre de 1922, de padres de ascendencia italiana, Gerardi fue ordenado sacerdote en 1946, cuando empezó a vincularse a poblaciones indígenas, las más pobres y discriminadas del país, pese a representar el 60% de los 11 millones de guatemaltecos.
En mayo de 1967, Gerardi fue nombrado obispo de Las Verapaces (Alta y Baja Verapaz), dos de los departamentos más pobres (norte del país), donde creó un centro de catequistas e impartió la liturgia en Q’eqchi’, uno de los 23 idiomas mayas.
En septiembre de 1974 fue elegido tercer obispo de la diócesis de El Quiché (norte), departamento que por esos años comenzaba a figurar como el principal punto de operaciones guerrilleras y más tarde, centro de la política contrainsurgente del Ejército.
Hasta 1980 realizó un trabajo pastoral junto a indígenas, analfabetos y enfermos, labor que le costó la vida a tres sacerdotes de la región del Quiché, por lo que, en protesta, abandonó el área temporalmente junto a agentes de la pastoral.
Para esas fechas, Gerardi también presidía la Conferencia Episcopal de Guatemala, y en noviembre de 1980 viajó a Roma para entrevistarse con el papa Juan Pablo II, quien le pidió que continuara en su puesto.
Al regresar al país, el Ejército lo esperó en el aeropuerto internacional, le impidió el ingreso y debió exiliarse en Costa Rica, donde permaneció por más de dos años, hasta el derrocamiento del entonces presidente, general Romeo Lucas, en marzo de 1982.
En 1988 creó la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (Odha) para atender a las víctimas de la violencia e iniciar una investigación sobre violaciones de los Derechos Humanos.
El resultado de esa investigación fue el informe Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi), que presentó Gerardi el 24 de abril de 1998, dos días antes de ser asesinado.
“Injusticia no era simplemente impunidad y falta de castigo para los culpables de un crimen; injusticia era falta de vivienda, de tierra, salud, educación. En cada situación de pobreza, hay detrás una negación de derechos (…), debemos saber adónde el Señor quiere que lleguemos: Es la liberación del hombre”, decía Gerardi, según un documento de la Iglesia.
MARTIR
Para la Iglesia Católica Gerardi se convirtió en mártir por la muerte violenta que sufrió, debido a su compromiso con la búsqueda de la verdad y el apoyo a los más necesitados. “Mártir, por haber sido un testigo con sangre, como se define a alguien muerto violentamente por la causa de Jesús, la causa del Evangelio”, apuntó el obispo del Quiché, Julio Cabrera.