“Una vez dentro del penitenciario el interno debe pasar por cinco regímenes: el primero es el régimen de adaptación, donde llegan todos los que vienen del Departamento de Policía. El tiempo reglamentado para permanecer ahí es de 6 meses. Luego se evalúa el comportamiento, la integración a las actividades básicas, y de acuerdo con la evaluación el interno pasa al régimen laboral. Aquí hay procesados y condenados, los internos tienen la opción de trabajar y estudiar.
Cuando ya él está condenado, pasa el 40 por ciento de la pena en este régimen laboral. Posteriormente viene el régimen semiabierto, antes debe ser evaluado por médicos y psicólogos, entre otros. Si pasan el 50 por ciento de la pena, aquí pueden optar al permiso de salida a su casa, con una duración de 48 horas cada 45 días, según sea el caso. Después pasa al régimen abierto y por último a su casa”, explica Modesto Ramón Rodríguez, director nacional de Educación Penal.
Los permisos para las visitas conyugales son cada 8 días, con una duración de dos horas. En el penitenciario de Tipitapa donde están los varones, la población penal anda por los 1,800 reclusos, y en La Esperanza, exclusivamente de mujeres, hay un promedio de 100 a 110 reclusas. En ambos locales tienen derecho de integrarse al deporte, a capacitación de manualidades u otros oficios que les ayuden a desarrollar destrezas y ser, el día de mañana, personas útiles a la sociedad.
JOVENES DELICUENTES
Muchos jóvenes por diferentes motivos son llevados a las puertas de la violencia y la delincuencia. Algunos logran cerrar este capítulo, pero otros no logran salir.
HIJOS EN ABANDONO
La mayoría de estos jóvenes deben abandonar a sus hijos, familia y amigos, quedando en la soledad de las frías cárceles.