Si la inocencia de tus labios
no me atrajera tanto
resistiría a tal encanto
consciente de los agravios.
Pero en lo dulce de tu mirada
un haz de luz me desvanece
y me calcina y permanece
en la llanura de mi morada.
Tus ademanes tan llamativos
encienden el fuego de mi control
nada peligra, menos dolor
sólo impulsos muy sensitivos.
Es algo puro, pero prohibido
es algo tierno, tan relativo
bello, genial, imperativo
espiritual, carnal y prendido.
Cómo te siento en mi sombra
cómo me inquieta tu fresca hermosura
cómo me agita tu clara dulzura
cómo evitarlo si mi alma te nombra.
Si un beso tuyo me dominará,
nada por eso me extrañaría
sólo mi cuerpo te reclamará
quizás el celo torturaría.
Tal vez no siempre me desenvuelvo
en estos gestos desenfrenados
a veces pienso que no me envuelvo
en estos aires enamorados.
Tú defines en mí
algo mío que siento en ti
algo puro que ya no veo
algo tácito, en sí deseo.
Ya nada escondo, todo lo digo
nada reprocho, nada predico
esto lo hago sólo contigo
y te lo regalo y te lo dedico.
Henry Antonio Balmaceda