Gabriela Lemus, experta en asuntos de frontera.

Pobres socorren a los pobrísimos

Douglas Carcache/Enviado [email protected] En la Columbia Road un latino puede comprar un permiso de trabajo falso por 100 ó 150 dólares, para conseguir un empleo donde le paguen 5.75 ó 6.00 dólares por hora, pero será difícil que obtenga atención médica o educación para sus hijos porque de hecho seguirá siendo un indocumentado más. “Adams […]

Douglas Carcache/Enviado [email protected]

En la Columbia Road un latino puede comprar un permiso de trabajo falso por 100 ó 150 dólares, para conseguir un empleo donde le paguen 5.75 ó 6.00 dólares por hora, pero será difícil que obtenga atención médica o educación para sus hijos porque de hecho seguirá siendo un indocumentado más.

“Adams Morgan” es el barrio latino de la capital de Estados Unidos y allí viven por lo menos tres mil nicaragüenses que al inicio rentaban apartamentos en Columbia Road, pero se han ido desplazando hacia zonas marginales porque la renta en el primer sitio ha llegado a valer 700 dólares por mes, cuando se trata de la habitación más pequeña.

Los latinos que compran documentos falsos buscan trabajo con la seguridad de que los patrones no les van a preguntar por la validez del permiso laboral; porque si lo hacen cometen un acto ilegal, ya que no son agentes de Migración para investigarlos.

Según los registros del Distrito de Columbia, en “Adams Morgan” viven 19 mil latinos, de los cuales sólo tres mil son votantes y por tanto los únicos con derechos sociales. Pero Ted Loza, un latino que trabaja en el Concejo del distrito, afirma que hay mucho más inmigrantes en el barrio, sólo que indocumentados.

Por las calles del barrio se aprecian los rótulos en español, anunciando tiendas de hondureños, imprentas de nicaragüenses y restaurantes o “pupuserías” salvadoreñas.

María, una nicaragüense que omitió su apellido, llegó a Washington hace diez años y en ese período ha traído a nueve miembros de su familia y hace un mes a una amiga que todavía no ha conseguido trabajo. Todos entraron indocumentados aunque ella espera recibir su residencia este mes gracias a la Ley Nacara (Ajuste Nicaragüense y Alivio Centroamericano).

María y sus nueve familiares, algunos ya viviendo en otras ciudades, envían a Nicaragua un promedio de 500 dólares por mes en remesas. También invierten en ayudar a personas que se vienen indocumentadas, por las que pagan hasta cuatro mil dólares per cápita, como su amiga recién llegada que entró por Brownsville, Texas, cruzando el Río Bravo.

“Las remesas son la ayuda del pobre al pobrísimo”, comentó María con satisfacción porque su familia en el Barrio San Cristóbal de Managua tienen asegurados los alimentos. Economistas estiman que cada año entran a Nicaragua un mínimo de 600 millones de dólares en remesas, cantidad superior a lo que ha percibido el país por sus exportaciones en los últimos años.

SUBE DESEMPLEO

En Estados Unidos hay una ligera contracción económica y según la doctora Gabriela Lemus, de la Liga de Ciudadanos Unidos Latinoamericanos (Lulac), el desempleo ha subido un poco y “es difícil conseguir trabajo aunque también depende en cuál zona uno esté”.

Comentó que “cuando uno es indocumentado aquí se siente bajo hostigamiento completo todo el tiempo, siempre tiene miedo de que lo van a agarrar y deportar” y “encontrar trabajo no es fácil, como se cree”.

Sobre el flujo de indocumentados, Lemus dijo: “Esa frontera me da pavor, no quiero ver más personas morir en esa frontera, porque según el gobierno mexicano sólo en el año 2000 hubo más de 900 muertes y están subiendo”.

Entre los que mueren, cruzando ríos o el desierto, hay algunos que no se sabe quiénes son ni de dónde vienen, porque no traen papeles, dijo la especialista en asuntos fronterizos.

Los latinos también se enfrentan a problemas raciales. “Es contradictorio —explicó Lemus—, porque de un lado la mano de obra latina se aprecia mucho, porque trabajamos bien, pero del otro los anglosajones y los afroamericanos están resentidos, porque los latinoamericanos van a ser los más imponentes en este país”.

UN CONSEJAL QUE APOYA A LATINOS

Jim Graham es un concejal del Distrito de Columbia, Washington, que se ha preocupado por los latinos que se concentran en el barrio “Adams Morgan”, ayudando para que sus niños tengan servicios de salud pública, debido a que el Congreso de Estados Unidos prohibió que se usen dólares del gobierno federal para proveerle salud a los indocumentados.

Graham dijo a LA PRENSA que los latinos son muy importantes para el Distrito de Columbia porque “esta es una comunidad que ambiciona, que aspira mucho, por ese sueño americano; trabajan fuerte y logran un buen dinero que contribuye a la economía del distrito en un buen porcentaje”.

Sin embargo, los latinos enfrentan muchas dificultades y Graham lo atribuye a que se involucran poco en actividades cívicas y políticas, lo que se nota en la gran cantidad de inmigrantes y la poca representación de votos que tienen, “lo que influye en el acceso de esa comunidad a los diferentes servicios gubernamentales”.

Debido a esa desprotección social, en el invierno pasado murieron de frío cinco personas, la mayoría latinos, “porque no tenían dónde vivir, estaban desamparadas, no había nadie que les proveyera servicios sociales para sobrevivir en temporadas tan frías”, afirmó el concejal Graham.

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