Bomba de tiempo: los vertederos de plaguicidas tóxicos

TOMADO DE INTERNET Casi en todos los países en desarrollo y en muchos países en transición hay enormes acumulaciones de desechos de plaguicidas tóxicos que constituyen un grave problema. Más de medio millón de toneladas de plaguicidas viejos y sin utilizar, prohibidos o vencidos, ponen en peligro el medio ambiente y la salud de millones […]

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Casi en todos los países en desarrollo y en muchos países en transición hay enormes acumulaciones de desechos de plaguicidas tóxicos que constituyen un grave problema. Más de medio millón de toneladas de plaguicidas viejos y sin utilizar, prohibidos o vencidos, ponen en peligro el medio ambiente y la salud de millones de personas en esos países, advierte la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), en un nuevo informe. Las cifras son espectacularmente mayores que los anteriores cálculos de alrededor de 100,000 toneladas.

Si bien en África y el Medio Oriente hay más de 100,000 toneladas, en Asia hay casi 200,000 toneladas y una cantidad semejante en Europa del Este y en la antigua Unión Soviética. La FAO está elaborando los inventarios de América Latina.

“Es alarmante el letal legado de plaguicidas obsoletos, hace falta intervenir urgentemente para limpiar los vertederos de desechos, afirma Alemayehu Wodageneh, experto de la FAO en plaguicidas obsoletos. Estas existencias ‘olvidadas’ no sólo son un peligro para la salud, sino que contaminan el agua y los suelos. Los plaguicidas que se filtran pueden envenenar una zona muy vasta, e inutilizarla para la agricultura”.

Los vertederos de desechos contienen algunos de los insecticidas más peligrosos, entre ellos: aldrín, clordano, DDT, dieldrín, endrín y heptacloro, prohibidos en la mayor parte de los países, junto con los organofosfatos. Al descomponerse los plaguicidas sus derivados pueden resultar más tóxicos que la sustancia de origen. Además de los plaguicidas, los vertederos contienen pulverizadores, contenedores vacíos y vastas superficies muy contaminadas.

“Muchas acumulaciones están cerca de los campos agrícolas y pozos de las zonas rurales pobres, y de las viviendas, almacenes de alimentos y mercados de las zonas urbanas, dice Wodageneh. Los vertederos a menudo están abandonados, no reciben mantenimiento y están en malas condiciones”. En muchos casos los plaguicidas se dejan al aire libre o se almacenen en estructuras de lodo de poca consistencia o de paja con pisos de tierra, además de que muchos contenedores están corroyéndose. “Las sustancias tóxicas se filtran al suelo. La población local se queja de dolores de cabeza, náusea y tos”, añade.

Los desechos de plaguicidas se han acumulado desde hace más de 30 años y se añaden constantemente otros productos, según el informe. Los plaguicidas obsoletos se han acumulado porque no se utilizan o no se eliminaron una vez prohibidos por motivos de salud o ambientales. En numerosos países africanos, por ejemplo, se utilizó dieldrín para combatir los brotes de langostas hasta fines de los años ochenta. Posteriormente se decidió no seguir utilizando esta sustancia, pero los sobrantes no se eliminaron ni se utilizaron.

Algunas fórmulas no son estables en las condiciones tropicales, se deterioran aceleradamente. En algunos casos no se etiquetaron los plaguicidas o sus etiquetas contienen explicaciones incomprensibles para los usuarios y, por lo tanto, no se aplicaron nunca.

En el pasado, las organizaciones internacionales de asistencia proporcionaron plaguicidas con buenas intenciones, pero la falta de coordinación entre esos organismos ha sido uno de los principales factores de la acumulación o suministro excesivo de esas sustancias, dice la FAO.

Además, los gobiernos de algunos países en desarrollo, en particular aquellos cuya economía está regida por el Estado, han comprado plaguicidas y luego no los han utilizado.

Los principales productores de plaguicidas están en Europa, los Estados Unidos, Japón, China y la India. “Hay mucho dinero en el suministro de plaguicidas”, según el informe de la FAO. En consecuencia, una serie de intereses ocultos puede intervenir en las decisiones relativas al suministro o donación de plaguicidas. Estos intereses a menudo no corresponden estrictamente a la mejor solución técnica para los problemas de plagas.

Las ventas de los plaguicidas hacen ganar a las compañías más de 30,000 millones de dólares al año, más del 80 por ciento está dividido entre 8 compañías: Aventis, BASF, Bayer, Dow AgroSciences, Dupont, Monsanto, Sumitomo y Syngenta.

La eliminación y la destrucción de estas sustancias es costosa, alrededor de tres dólares por kilogramo o litro, suma que deben aportar casi en su totalidad los gobiernos y las organizaciones de ayuda. A la fecha, en África y el Cercano Oriente se han eliminado menos de 3,000 toneladas, con financiación sobre todo de Alemania, los Países Bajos, Suecia, los Estados Unidos y la FAO.  

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