Edgard Rodríguez C. [email protected]
Steve Blass contaba con apenas 22 años cuando debutó en 1964 con los Piratas en Ligas Mayores. Y tras cuatro temporadas intentando saltar a la notoriedad, la alcanzó en 1968 cuanto acumuló un récord de 18-6 y 2.12.
Todo marchó normal durante las cuatro campañas siguientes y para 1972, se elevó a 19 victorias. Había arribado a los 30 años y se pensó, que una vez maduro, su mejor etapa estaba llegar. No había razones para pensar distinto.
En lugar de eso, ocurrió lo indeseable… Blass concluyó 1973 con balance de 3-9 y 9.85 en efectividad. Y peor aún, cerró con 84 boletos en 88.2 innings lanzados. Un año atrás, había obsequiado los mismo 84 boletos pero en 249.2 episodios.
Así que aquello no era normal y nunca volvió a serlo… “De pronto, he llegado a sentir miedo de golpear a los bateadores”, se le oyó decir a Blass, mientras era observado por especialistas. Para 1974, hizo un intento más, y no pudo seguir.
Resultaba increíble… Una carrera, que parecía lista para alcanzar su mayor aceleración, de pronto estaba acabada. Blass no volvió a lanzar. Su brazo estaba bien. Su mente no. Ahí nació Steve Blass Desease (la enfermedad de Steve Blass).
¿Miedo a tirar una bola?.. Lo cierto es que Blass no superó el problema, como tampoco pudieron hacerlo Steve Sax, Mackey Sasser, Mark Wohlers (aún batalla) y el chavalo Rick Ankiel, mientras Chuck Knoblauch parece haberse impuesto.
Veamos el caso de Ankiel primero. Después de hacer averías en las menores con una explosiva bola rápida sobre las 96 millas y una devastadora curva, registró su primera temporada completa en las Mayores y cerró con 11-7 y 3.50.
Nada de eso sería impresionante, de no ser porque dejó plasmado su sello: 194 ponches en 175 innings. Su aporte fue clave para empujar a San Luis a los play offs. Y justo ahí, ocurrió lo imprevisto. Lanzó cinco wild pitches en un inning.
Ese día, Ankiel estaba empatando un récord del siglo XIX. Y no sólo eso, fue como el punto de partida hacia su declive… Desde entonces, no ha vuelto a ser ni la sombra del tirador que fue proyectado incluso hacia el Salón de la Fama. Da lástima.
Es tan dramática su situación, que San Luis hoy se reúne para ver qué más deben hacer. Se cree que su próxima parada será Júpiter, Florida para un entrenamiento extendido ya que en 3 salidas en Triple A, tiene 17 bases y 12 wild pitches en 4.1 entradas.
Algo parecido a Ankiel y quizá a Blass ha ocurrido con Wohlers, el poderoso cerrador que parecía rumbo a la grandeza con Atlanta. Después exitosos desempeños en 1995, 1996 y 1997 con 29 rescates, 39 y 33 respectivamente, se desplomó a 8 en 1998.
Ese año, acumuló 33 bases por bolas en 20.1 innings, con 10.18 en efectividad y para la temporada siguiente sólo tuvo dos apariciones…Los médicos señalaron que su problema era “inhabilidad para lanzar strikes”. Luce muy mejorado con Cincinnati.
El caso de Steve Sax, fue similar al de Knoblauch: no podían tirar la bola de segunda a primera. Ted Turner, el dueño de los Bravos, se cambió de silla en la Serie Mundial por temor a un bolazo de Knoblauch ahí en las gradas detrás de la inicial.
Y es que si la cabeza no anda bien, no importa lo demás. Si no pregúntele a Herb Score, el formidable zurdo de Cleveland, quien no volvió a ser el mismo después del batazo de Gil McDougal, pese a que físicamente estaba en perfectas condiciones.
Es increíble, como algo tan fácil como tirar una pelota, de pronto se vuelve imposible.