Freddy Quezada.

Enfoque – Encuestas bajo la teoría del caos

¿Están en crisis las encuestas? ¿es preciso desecharlas como método científico para detectar el estado de opinión de la población? Consideradas por algunos como una especie de magia, astrología y hasta como una vulgar predicción, las encuestas están enfrentando actualmente una enconada polémica sobre su utilidad práctica y hasta algunos medios de comunicación importantes del […]

  • ¿Están en crisis las encuestas? ¿es preciso desecharlas como método científico para detectar el estado de opinión de la población?
    Consideradas por algunos como una especie de magia, astrología y hasta como una vulgar predicción, las encuestas están enfrentando actualmente una enconada polémica sobre su utilidad práctica y hasta algunos medios de comunicación importantes del mundo se han planteado la posibilidad de excluirlas de sus agendas informativas

Xiomara [email protected]

Para el sociólogo Freddy Quezada, catedrático de la UAM y director del Centro Interuniversitario de Estudios Latinoamericanos y del Caribe (CIELAC), Nicaragua está corriendo el riesgo de convertirse en un país aburrido, predecible. Su temor se funda en los aciertos que las firmas encuestadoras tuvieron en ocasión de las elecciones municipales del 2000, contrario a lo que desde 1990 había ocurrido en que descubrir la intención de votos del electorado nicaragüense fue una tarea que más de una vez dejó en fachas a las estadísticas más científicamente llevadas. Un pueblo impredecible e indómito que para desilusión de Quezada, o empieza a creer en las encuestas y se comporta conforme a ellas, o simplemente ha empezado a perder su capacidad de asombro ante tan ruda realidad que le rodea.

Parte de su trabajo como catedrático lo dedica a enseñar estadísticas, cree en ellas, confía en ellas, pero al mismo tiempo tiene razones suficientes para dudar de su eficacia.

Dividido entre la visión lineal de la emblemática campana estadística y los efectos mayúsculos de una pequeñísima causa, Quezada propaga la teoría del caos como ese otro factor de análisis que podría explicar desastrosas predicciones estadísticas, de las que también él ha sido víctima.

¿QUE ES LA TEORIA DEL CAOS?

Esta es una teoría en la que todo y nada es posible, o bien, cualquiera de las anteriores, en la que un efecto posterior sobre cualquier hecho manifiesta una alta sensibilidad a las condiciones que le dieron origen. No predice, porque todas las probabilidades se contemplan, todas las posibilidades de lo que ocurrirá mañana, están ocurriendo hoy.

“La teoría del caos no ha encontrado mayor aplicación en la teoría de las Ciencias Sociales. Que yo sepa, sólo en la Antropología la ha explorado Balandier y en la Historia hasta hace unos años Baudrillard en su texto desolador La ilusión sin fin”, dice Quezada.

Según sus investigaciones, buena parte de los defensores de la postmodernidad no son ajenos a la teoría del caos y tanto en Matemáticas, como en Química, Geometría, Biología, Epistemología y hasta Física, la han usado para procurar importantes avances en esas ciencias.

“Pero en Sociología y en Filosofía, al menos las formales, pocas veces se habla del tema porque tengo la impresión que se sigue sufriendo por recomponer el espejo roto a través de la racionalidad y las cadenas de síntesis reconciliantes. Creo que hay que reconocer la gran verdad que dijo Eduardo Bernstein y de la que solía burlarse Lenin: El movimiento lo es todo, el fin último, nada”, señala Quezada.

Según este sociólogo nicaragüense, la teoría del caos rompe con la linealidad mecánica causa-efecto, pero también con la ciencia que estudia las probabilidades de diferentes escenarios, en la que todos son posibles, pero también ninguno (Probabilística cuántica).

“Ahora, pequeñas causas pueden originar efectos sorprendentes que reactúan sobre sí mismos. Es decir, un gesto en el rostro de Bolaños en un determinado momento; un abrazo dado a un niño en forma específica por Ortega o una palabra dicha en el instante propicio por Vidaurre, pueden desencadenar efectos impredecibles y los resultados de la más científica encuesta podría volar en pedazos”, explica Quezada.

En su opinión, el caos prepara a los investigadores dentro de un espíritu de sorpresas continuas, hasta el aburrimiento, y en una mentalidad de asombro perpetuo, hasta la rutina.

Para los investigadores sociales que emplean la teoría del caos, según Quezada, es preciso emplear la paradoja como principio de conocimiento ya que es una contradicción inexplicable que no tiene forma de analizarse de la cual sólo se escapa por medio de la circularidad y se repite hasta que se rompe en mil sentidos y se vuelve a repetir. Una forma de incluir el tiempo en cualquier análisis lógico y ver el presente como la única dimensión en que coinciden tiempo y espacio. Para Quezada es imprescindible reconocer las virtudes del presente, lo que alejaría de la ansiedad del futuro.

“El presente es rico en propiedades, en diversidades, en pluralidad, en colores, que al realimentarse a sí mismo estalla en nuevas diferencias totalmente espaciales y caóticas, de aquí que el problema de identidad, al menos en Latinoamérica, tenga que ver más con el estar que con el ser en el tiempo”, explica.

“No hay futuro que ilumine desde él mismo los anteriores momentos. El presente ha llegado a ser lo que es. Por eso la gran pregunta de la Filosofía de hoy es: ¿Qué es lo que es?”, agrega Quezada.

El sociólogo llama la atención sobre las bondades del presente frente a la fascinación por el futuro, elemento principal de seducción que las encuestas ejercen sobre la población.

¿POR QUE HABLAR DE ESTO?

Esta teoría tan sofisticada, de primer mundo y de las ciencias naturales, le han valido críticas de sus profesores que encuentran rebuscado hablar de estos temas en una sociedad como Nicaragua.

Pero Quezada persiste en su interés:

“Nicaragua es un país donde ha caído dos veces consecutivas el mismo número del premio mayor de la Lotería Nacional; ha sido el reino perfecto de los machos gobernados por dos mujeres durante la administración Chamorro-Mena; su gente se divierte con picnics en las faldas de un cerro en erupción; es el sitio donde todas las muestras científicas se equivocan y el lugar melancólico donde vienen a morir las ballenas. ¿Nicaragua no es ella misma el caos? ¿no estamos por ventura, del otro lado del espejo: en el país de Alicia? ¿Nicaragua no es el mundo? ¿no es un fragmento roto del gran espejo de la modernidad y la ciencia?”

Con estas reflexiones, creer o no creer en las encuestas sigue siendo el dilema. Del drama de Shakespeare no escapan ni las estadísticas.

También con este artículo:

Fred Denton: Atacar al mensajero es aburrido.

Víctor Borge: Las encuestas no son exactas.

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