Mélida Montiel [email protected]
En forma coincidente con la publicación (en LA PRENSA) de varios artículos sobre la eutanasia, se ha estrenado en Managua la película “Antes que caiga la noche”, basada en la autobiografía de Reinaldo Arenas, escritor cubano fallecido en el exilio en 1990. Dicha cinta nos hace reflexionar sobre muchos temas a la vez, llama la atención la forma dramática en que sucede la muerte de Arenas. Atacado por el virus del SIDA, Arenas le pide a su mejor amigo que en caso de una nueva crisis, no le permita despertarse en un hospital. Ante la inevitable crisis, el amigo toma una bolsa plástica, irónicamente con el logotipo de I Love New York y asfixia al ya débil y moribundo Arenas.
Después de acompañar por casi dos horas, la atribulada vida de Arenas, el espectador siente la decisión del amigo como un acto de compasión, muy lejos de considerarse un asesinato. Un ápice de dolor adicional en la vida de Arenas, era rebasar por mucho el concepto de purificación y abofetear la propia dignidad humana. No había herencia alguna, no había fastidio del amigo por atenderlo, no había estorbo alguno, era simplemente una cuestión de respeto.
Muchas veces tenemos que situarnos en los hechos reales y verlos al desnudo para tratar de comprender salidas tan controversiales como la eutanasia. Es muy fácil polemizar sobre estos temas, cuando sólo hemos visto un resfriado común, un dengue clásico o una dispepsia recurrente; desafortunadamente la vida nos pone delante situaciones macabras y son esos casos tan violentos, los que demandan a gritos, un análisis objetivo sobre temas como la eutanasia.