Jorge Loáisiga [email protected]
El ciudadano holandés George E. Berenschot y su amigo norteamericano Harlan Perkoff decidieron invertir en Nicaragua atraídos por las bellezas naturales que ofrece el país. Su plan: Crear un centro turístico en las playas de Tola.
Sin embargo, el sueño se desvaneció al perder supuestamente 100 mil dólares en una transacción de compra de una finca de 1,085 manzanas, propiedad que no lograron obtener.
A mediados de 1999, Bayardo Argüello Guillén, con domicilio en Granada, le ofertó a esos inversionistas una finca de 1,085 manzanas de tierras, ubicada en la comarca Güiscoyol, jurisdicción de Tola, Municipio de Rivas, con valor de 32 millones de córdobas, equivalentes en esa época a dos millones 500 mil dólares.
Los inversionistas afirman que entregaron a Argüello 100 mil dólares como adelanto por la compra de la finca, pero la venta no se realizó y el dinero no les fue regresado.
LA PRENSA quiso conocer la versión de Argüello, pero él se negó a brindar declaraciones sobre este y otros casos en los que están involucrados inversionistas. Su abogado tampoco habló.
Los inversionistas dicen que ellos visitaron la finca y comprobaron que esta colindaba con el Océano Pacífico en una playas maravillosas para la inversión turística.
Enamorados del lugar decidieron hacer negocio con Argüello y acordaron el precio de dos millones 500 mil dólares por la venta de la propiedad, inscrita en el Registro de la Propiedad de Rivas bajo el número 27593, folios del 9 al 12, del 17 al 19 y del 35 al 38 y 41 del tomo 283, Libro de Propiedades asiento número tres de la Sección de Derechos Reales.
Argüello les había dicho que toda la documentación del inmueble estaba en orden, que no había ningún tipo de conflicto sobre la propiedad, que las tierras le pertenecían exclusivamente hasta la costa del Océano Pacífico y que no tendrían ningún tipo de dificultad en la operación.
El nueve de agosto del año 2000 Argüello y el holandés Berenschot firmaron una escritura de promesa de venta y deslindaron la propiedad en tres lotes denominados A, B y C. El lote A tendría una extensión de 720 manzanas, el B de 400 y el C de 65 manzanas.
Según la escritura elaborada por el abogado de Argüello, Humberto Arana, Berenschot pagaría el valor del lote A entregando 50 mil dólares al momento de suscribir el contrato, otros 50 mil que pagó el 15 de septiembre del 2000 y los restantes 700 mil dólares el 31 de diciembre del 2000. Por el lote B pagaría un millón 50 mil dólares el 31 de agosto del año 2001 y el lote C lo prometió vender a Berenschot por la suma de 750 mil dólares, que serían pagados el 31 de diciembre del presente año.
El contrato de promesa de venta fue inscrito en el Registro Público de la Propiedad de Rivas con fecha 14 de agosto del 2000 sobre la propiedad 27,593.
Perkoff, el socio de Berenschot, dijo a LA PRENSA que el contenido del contrato fue alterado después, variando la forma, contenido, áreas, números de lotes y linderos que originalmente se habían pactado, despojando a los inversionistas de las 65 manzanas de tierras que colindaban con el Océano Pacífico donde éstos planeaban desarrollar su proyecto de inversión turística.
“Perdimos 100 mil dólares que él (Argüello) ahora no regresa”, dijo Perkoff con un difícil castellano al ser entrevistado por LA PRENSA.
Piden anular contrato
El caso se ventila en los Juzgados de Rivas y el abogado de los inversionistas, Ernesto Zambrana Sanders, pide la nulidad absoluta del contrato promesa de venta que suscribió el holandés George E. Berenschot con Bayardo Argüello.
Incluso existe un embargo preventivo en bienes de Argüello y su hijo Miguel Argüello Selva, por este mismo caso.
El argumento de Zambrana es que su cliente firmó un documento que no entendía, porque no fue asistido por un intérprete a como lo manda la ley en casos de que los contratantes sean extranjeros, específicamente en el artículo 23 inciso 4 de la Ley de Notariado.
Zambrana explicó que Argüello, en la escritura de Promesa de Venta, además de haber sido elaborada por su abogado personal, se reservó el derecho de usufructo, uso y habitación sobre el inmueble que estaba prometiendo vender.
“Se pretendía vender el inmueble con la reserva vitalicia de parte del señor Argüello de los derechos de usufructo, uso y habitación, lo cual es absurdo”, dijo Zambrana.