A Masaya con Pablo María

Roberto Solórzano Chacón Conocí a Pablo María en Colombia, en el Municipio de Caldas, en una finquita de esas que adornan el paisaje antioqueño. Creo que era de tejas, pintada en blanco con matices de azul. El olor a estiércol de vaca se confundía con el que sueltan las plumas de las gallinas y el […]

Roberto Solórzano Chacón

Conocí a Pablo María en Colombia, en el Municipio de Caldas, en una finquita de esas que adornan el paisaje antioqueño. Creo que era de tejas, pintada en blanco con matices de azul. El olor a estiércol de vaca se confundía con el que sueltan las plumas de las gallinas y el pasto verde alfombraba todo el paraje. Fui con mi madre quien recientemente había sido diagnosticada con un cáncer agresivísimo y terminal (pulmonar con metástasis en los huesos). Tuvimos que ayudarla a bajar del carro y protegida con un cuello terapéutico para resguardarla de los movimientos bruscos pues el dolor era insoportable en la zona de la base de su cabeza.

Allí estaba Pablo María con una sonrisa de esas que denotan una felicidad llena de calma y paz pero de energía también, rodeado de unas señoras y unos señores que luego identifiqué como amigos, colaboradores y asistentes en cuanto a la obra del Señor se refiere. Su camisa blanca con capucha, unos jeans, unas sandalias, decían poco de aquel hombre que había tenido una conversión al estilo Saulo y a quien el Señor había encomendado que fuese y sanase las almas y los cuerpos adoloridos por Él, en el nombre de Él, para Él.

Como yo me había adelantado, me identifiqué como nicaragüense y de forma breve le conté la situación que mi madre atravesaba. Inmediatamente le salió al paso y con un abrazo fraternal comenzó a comunicarle del amor de Jesús para con ella; la ayudó personalmente a pasar a la habitación central de la casa, y allí frente a lo que identifiqué como un pequeño altar, en compañía de tres o cuatro de sus colaboradores procedió a orar por la sanación espiritual y corporal de mi madre y de todos los presentes.

Rodeamos a Pablo María y a todos los que lo asistían, todas mis hermanas, una hermana de mi madre y mi padre. Oramos con una gran intensidad llorando lágrimas de limpieza y sentimos la presencia del Espíritu de Dios con nosotros.

Hoy en día a mi madre, de quien no sabemos sobre la situación del cáncer en sí pues se lo hemos dejado en las manos misericordiosas de Jesús, la hemos visto llenarse paulatinamente de vida, tanto espiritual como física. Su dolor ha mermado al punto que las medicinas para el dolor le han sido retiradas completamente por los médicos y sus pulmones han mejorado en un 55 por ciento según las placas y los doctores mismos.

Este sábado 19, a las 4:00 p.m., el hermano Pablo María estará presente en una misa que se celebrará en el Estadio de Masaya, donde los poderes del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo se manifestarán para todos los nicaragüenses que queramos abrir nuestro corazón y queramos poner en sus manos todo lo que nos agobie. No perdamos esta gran oportunidad de Dios para con sus hijos. Instigo a que asistamos y acojamos esa invitación para bien de nuestras almas, de las de nuestros seres queridos, de la Iglesia y de Nicaragua entera.  

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