Las lecciones del café

Nicolás A. Valle G.

La crisis del café nos debe llevar a meditar y preguntarnos: ¿es Nicaragua un país que aprende las lecciones derivadas de las crisis que le toca vivir? La respuesta pareciera ser NO.

El café ha sido un rubro muy importante, si no el más importante, en relación a la generación de divisas para nuestra economía, sin embargo, su situación parece haber llegado a un grado de deterioro tan grande que nos luce ser un problema casi irremediable.

La famosa ley de moratoria de la deuda cafetalera y las encontradas posiciones del gremio cafetalero, los bancos, los exportadores y los expendedores de agroquímicos, muestran que cualquier solución que se dé va a ser traumática para uno o varios de los autores.

La solución integral al problema cafetalero implica, entre otras cosas, un ordenamiento territorial y tecnológico, mejor posicionamiento de mercado, explotación de la línea de café especial (gourmet, orgánico) y diversificación y/o reconversión de la producción cafetalera.

No podemos de un día para otro descartar la caficultura, pilar de nuestra economía y fuente de sustento de millares de familias en el campo, pero la transformación que esa actividad requiere para llegar a ser un negocio eficiente y sostenible, es una tarea gigantesca, que pudo irse atacando de antemano, si fuéramos un país con verdaderos planes futurísticos apuntados al desarrollo de nuestro agro.

El cafetalero nicaragüense ha enfrentado muchos retos, ha sido audaz y valiente, pero necesita llegar a adquirir una mejor actitud y formación empresarial que incluye no derrochar los costosos recursos que los bancos ponen en sus manos. Pero, además, el productor necesita un acompañamiento del Estado. La generación y transferencia de tecnología, la formación de la actitud y capacidad empresarial, el apoyo institucional para la mejor explotación de mercados tradicionales, nuevos o especiales y el financiamiento de fomento son aspectos en que el Estado debe estar muy presente.

La lección es que debemos actuar preventivamente y dejar atrás el emocionalismo y el coyunturalismo. En un país como el nuestro que siempre ataca tardíamente sus problemas, el agro nicaragüense está destinado a la ruina. Tareas y retos como los señalados, no se logran con gobiernos y sociedades en donde la politiquería, la corrupción, los abusos de poder y la incapacidad sean la tónica. Toca a nuestro gobierno y sociedad aprender la lección y poner en práctica lo aprendido.

* El autor es ingeniero agrícola (MSc).  

Editorial
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