Para nosotros, es peor que el fantasma que -según Marx- recorría Europa en el siglo XIX; mucho más peligroso por cuanto es una tentación en Nicaragua y Costa Rica.
En ambos países, los fuegos electorales comienzan a calentar con vistas a comicios en noviembre (en la tierra de Darío) y febrero, en Tiquicia.
Esta coyuntura trae consigo un peligro muy grande para las relaciones bilaterales y, sobre todo, para la convivencia entre los dos pueblos: la posible explotación de temas muy sensibles -migración nicaragüense y diferencias sobre el Río San Juan- para ganar votos.
Tanto allá como aquí ya han aparecido indicios que, desgraciadamente, parecen perfilar que los políticos se aprestan a manipular esos problemas.
Hace unas semanas, Daniel Ortega, candidato sandinista, se presentó ante su pueblo como el defensor de la soberanía sobre el río; en nuestro país, los tres precandidatos liberacionistas hablaron de mano dura contra la inmigración.
Los primeros que debemos estar muy alertas somos los periodistas y los medios de comunicación. ¿Actuaremos únicamente como reproductores de mensajes chauvinistas e irresponsables o salimos al paso de los manipuladores?
No menos seria es la responsabilidad ética que les cabe a los hacedores de imagen y a los estrategas de campaña, quienes deben optar entre la mesura o el oportunismo maquiavélico.
Periodistas nicas y ticos reconocimos ese riesgo en un encuentro en Managua, el fin de semana.
Mas toca a toda la sociedad evitar que la sorprendan. ¡No dejemos que abran la caja de Pandora!
Víctor Hugo Murillo S.
Jefe de Información.
La Nación (Costa Rica)