“Mis mejores años”

¡Qué delicia haber disfrutado sobre la historia del trompo en nuestro país escrita por Mario Fulvio Espinoza! En mi pueblo, Ocotal, el “Amador” nuestro vivía cerca de la bajada del río, cerca de donde el famoso “Chenco”. Hasta allá íbamos a comprar trompos. A mí me gustaban los medianos de dos colores y al igual […]

¡Qué delicia haber disfrutado sobre la historia del trompo en nuestro país escrita por Mario Fulvio Espinoza! En mi pueblo, Ocotal, el “Amador” nuestro vivía cerca de la bajada del río, cerca de donde el famoso “Chenco”.

Hasta allá íbamos a comprar trompos. A mí me gustaban los medianos de dos colores y al igual que vos me encantaba jugar en aquellas tardes frías y ventosas del norte hasta cuando mi abuela Isabel me iba a traer de las orejas porque le decían que su nieto andaba “jugando trompo con los chavalos vagos”.

Esos “chavalos vagos” que me enseñaron mejores cosas que los “chicos high class”, fueron los responsables que yo tuviera una niñez feliz en Las Segovias. A ellos, y al trompo, las lechuzas, los mables y las huleras, les debo mis mejores años.

Gracias a Mario Fulvio por remontarme a esos tiempos y que Dios te bendiga y te ayude para que de vez en cuando nos regalés estas deliciosas historias que nos ayudan a paliar nuestra ahora monótona existencia.

Mario M. Lovo.  

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