“Panchito”, el joven que dice tener experiencias espirituales en las que puede ver y oír a la Virgen María. (Der.) La procesión de fieles es de casi un millar cada vez. Incluso hay devotos que llegan desde Honduras o lugares fronterizos con Costa Rica.

Miles de fieles acuden a cita con la Virgen

El día ocho de cada mes, un gran número de devotos católicos acude a la comunidad de Cacaulí, en Somoto, para ser testigos de las manifestaciones o la aparición de la Virgen María, fenómeno que ha atraído la atención de devotos de todas partes del país y hasta de naciones vecinas como Honduras Arquímedes Gonzá[email protected] […]

  • El día ocho de cada mes, un gran número de devotos católicos acude a la comunidad de Cacaulí, en Somoto, para ser testigos de las manifestaciones o la aparición de la Virgen María, fenómeno que ha atraído la atención de devotos de todas partes del país y hasta de naciones vecinas como Honduras

Arquímedes Gonzá[email protected]

Primera entrega.–¡La Virgen María está aquí!

La voz electrizada de Panchito, en el micrófono, llega a todo el lugar y el silencio invade a cada uno de los fieles. El aire fresco baña en oleadas suaves y recorre todo el semicírculo donde se han reunido desde un día antes cientos de personas para ver a la Virgen María.

Un equipo de LA PRENSA los acompaña. Estamos en la comunidad de Cacaulí, ubicada a unos cuatro kilómetros de Somoto.

Una mujer susurra:

–¡Es el espíritu de la Virgen!

Otra mujer le toma el brazo a una niña y le dice:

–¡Huele a bálsamo de rosas!

Un hombre llora y ve al cielo:

–¡El Sol!, ¡miren el Sol!

Arriba, el Sol lucha por sacudirse a dos nubes plomizas. En el forcejeo deja escapar cuatro destellos hacia la Tierra.

–¡Ahí está la Virgen!, dice una anciana persignándose.

El murmullo cunde en el lugar. Un guitarrista y otro que toca el acordeón, se desesperan con las miradas perdidas en el techo. Son Luz Gerio Landero, de 40 años y José Encarnación Landero, de 41. Están ciegos de nacimiento y llegaron a pie desde Mozonte en busca de sanación.

Llegan de Honduras

–Yo vi a la Virgen, dice Ignacia Palacio Velásquez. Por sus ojos han pasado 72 años y cinco años de usar anteojos, pero ahora ya no.

“La primera vez que la vi, me curó de la vista”, dice orgullosa, con los lentes ahora como adornos en su pecho. “La segunda vez, miré al mismísimo Jesús Resucitado. He visto también a la Virgen del Perpetuo Socorro y a la Virgen Dolorosa”, dice convencida, acariciando un rosario.

Todos los ocho de cada mes, cientos de creyentes se reúnen en el poblado de Cacaulí a cuatro kilómetros de Somoto para presenciar la aparición de la Virgen María y compartir los milagros de sanación.

Llegan desde Honduras, Chinandega, León, Managua, Rivas y otros poblados, unos descalzos, sin comida, cargando nada más que la fe, movidos por el propósito de ver las señales de la aparición de la Virgen María. Otros, con un poco más de suerte, llegan en burros, a caballos, en vehículos último modelo y hasta en helicóptero.

“A mí me sanó del rencor y me sanó los ovarios”, dice Ignacia Jacinta Valle, de 32 años. Vino desde El Tortuguero y salió el lunes pasado para poder estar el miércoles en la cita con la Virgen. “Ella me cambió la vida”, dice al borde del llanto de felicidad.

El vidente

Panchito, el joven que asegura ver todos los ocho de cada mes a la Virgen María, llega a las diez de la mañana cuando ya los sacerdotes Frutos Valle, Nicolás Toruño, Carlos Carvajal y Efraín Tijerino, están oficiando la misa. El ambiente es de aplausos, cantos y alabanzas, que van aumentando en ritmo y melodía.

La multitud sostiene escapularios, rosarios, recipientes de todos los tamaños con agua y colores y frutas que son bendecidas por la Virgen.

Alguien pide a la muchedumbre aprisionada en el centro que de paso. Casi suspendido entre brazos, avanza lentamente, casi con sufrimiento Monseñor Silvio Selva, quien viene desde Sutiaba en León. Su cuerpo demasiado maltratado por el derrame cerebral que lo afectó hace cinco años, lucha tratando de llegar hasta el centro, donde ya han dispuesto una silla para él. Tarda diez minutos en recorrer tres metros por el pasillo atestado de gente que no quiere perderse la oportunidad de ver a la Virgen.

Cuando por fin surge de entre la marea ansiosa, es jalado por dos mujeres y conducido suavemente a la silla. Su rostro es de cansancio, pero sus ojos ven con sorpresa la cantidad de gente reunida alrededor del altar construido en el lugar donde en 1991 le apareció por primera vez la Virgen María al joven Francisco Dávila, a quien llaman “Panchito”.

Después de él, sigue Monseñor Benito Penteka, vicario de la Diócesis de León, quien lucha con dos mujeres pues su rosario se ha trabado en las ropas de los fieles. Llega al centro y se sienta pasándose la palma con la frente.

El ánimo crece por la presencia de los representantes católicos y todos gritan:

¡Viva la Virgen! ¡Viva la Virgen! Monseñor Selva es ayudado a ponerse sus prendas religiosas, mientras comienza otra canción: “Essss mi Dioooos mi saaalvador me salta el alma de goooozo…”

Alguien pide una rosa bendecida para un niño enfermo y en el altavoz, la voz de una mujer pide por la niña Vanesa, “quien se encuentra en México muy enferma”. Otra pide por su hija que padece de epilepsia y una anciana llora de rodillas porque le salven a su hijo en coma en el hospital.

Monseñor desfallece, pero se recupera

Para dar la hostia, los padres se dispersan por los costados del lugar, que mide alrededor de cinco metros cuadrados. Hay muchas personas apretujadas. Uno es virtualmente succionado por los creyentes que desean comulgar.

Cuando vuelven, todos giran sus ojos ante Monseñor Penteka. Aguanta su cuerpo con los brazos en la mesa y la cabeza baja. Uno de los padres lo sujeta del antebrazo, mientras otro lo toma por la cintura y lo guía hacia una silla.

“Sufrió un colapso”, dice uno de ellos. “Está muy impresionado”, dice otro. Le dan agua y Monseñor Penteka baja la mirada. Comienza a sollozar mientras la multitud sigue desesperada por ver a la Virgen.

–¡La Virgen está con nosotros!, grita alguien desde el centro. Los aplausos se desbordan por todo el lugar como si fuera una tormenta lluviosa. Se siente una brisa fresca y persiste un suave olor a flores.

En busca de bendiciones

Se oye luego el motor de un helicóptero. Es un aparato color azul. En diez minutos, de entre la gente, llega Enrique Mántica cargando con sus dos manos temblorosas una imagen de la Virgen María. Mántica padece de un cáncer terminal y solamente tiene un pulmón. Es ayudado por un familiar quien carga un cilindro de oxígeno. El año pasado los médicos le diagnosticaron la presencia de un cáncer que se suponía ya había sido extirpado en 1996. Su cáncer es tan raro que desde 1960, solamente 23 personas en el mundo, han reportado el mismo tipo de carcoma.

Monseñor Penteka sigue inmóvil en la silla bebiendo pequeños sorbos de agua, mientras la multitud comienza a desesperarse. “Ya viene la Virgen, ¡Silencio, silencio!”. Los hermanos cantores ciegos, vuelven con el “¡Ave, Ave, Ave María! Y cuando terminan, el silencio, como una mano invisible, hace callar a los presentes.

–“Te pedimos Virgen María, que intercedas por todos tus hijos que están hoy aquí en busca de sanación y paz”, dice Panchito. Nadie habla. Solamente se oyen los sollozos de dos bebés.

Los sacerdotes se levantan y colocan las palmas de sus manos en la espalda de Mántica, quien reza agradecido. Su único pulmón aspira fuertemente y el suspiro parece interminable. Monseñor Penteka se ha recuperado y también se une a los representantes de la Iglesia.

Todos los ojos están clavados en Panchito quien dice que la Virgen María dará cuatro minutos para que la vean. Los ojos de todos quedan fijos en el cielo, mientras el aire fresco y el olor a rosas sigue invadiendo el lugar.

También con este artículo:

Monseñor Abelardo Mata: “Hay que esperar y observar”.

(Mañana: Segunda entrega: Testimonios de milagros y los Mensajes de la Virgen)  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí