Ricardo Alvarado Noguera*
Mucho se ha escrito sobre el “milagro” finlandés. Y muchos admiran, no sin razón, la dinámica y auge del liderazgo de Finlandia en las altas tecnologías de los teléfonos celulares de tercera generación (3G), en los avances de la frecuencia UMTS (Sistema Universal de Telecomunicaciones Móviles), etc. De ahí que muchos también se pregunten ¿cómo hicieron los finlandeses para transformarse en un país altamente desarrollado? Sobre todo si se recuerdan las múltiples adversidades del clima duro, algunas veces hasta despiadado, de estas latitudes. Hay quienes inclusive afirman, que el verano finlandés es tan fugaz como efímero. A veces su paso pareciera imperceptible, tan corto como sutil. De hecho, un calor cotidiano del tipo Managua fácilmente escribiría un récord en el registro termométrico de Helsinki, si es que algún día -quizá con lo del calentamiento global-, se recibiesen por aquí rayos solares tan cálidos como esos que se insertan en las venas al caminar por las concurridas calles del Mercado Oriental. Pero además de la inclemencia del clima gélido, las dolorosas guerras del pasado (sobre todo las más recientes, las de invierno y continuación, a fines de los años 30 y hasta mitad de los 40) dejaron a Finlandia grandes pérdidas humanas y económicas.
Quizás las ferocidades del tiempo –y de la vida- han sido elementos importantes para fortalecer la mística de trabajo de los finlandeses, dicho sea de paso, grandes amantes del tango y el café. Pero hay algo más. Hay por estos rumbos hombres y mujeres esforzados y ejemplares, que han aportado buen cemento para construir la sólida armazón de la economía suomalainen (finlandesa). La experiencia finlandesa es sumamente rica en el tema de la organización empresarial. De acuerdo a las clasificaciones internacionales de competitividad, Finlandia ocupa los primeros lugares. Hay mucho para ver y aprender, y sobran las expresiones de éxito. En la vecina de Helsinki, Espoo, por ejemplo, se levanta orgulloso una especie de Silicon Valley, en donde se yergue con formidable vitalidad la casa matriz de Nokia. Ahí hierven a todo vapor las ideas e innovaciones que harán realidad, a la vuelta de días venideros, la efectiva fusión telefónica de los multimedia, Internet y otros servicios de información digital. Pero además, hay muchas otras empresas finlandesas que con gran pujanza están labrando, con persistencia, la penetración de nuevos mercados. Hace poco precisamente quien escribe tuvo la oportunidad de disertar en Helsinki a un grupo de empresarios exportadores interesados en las oportunidades que ofrecen los mercados latinoamericanos. Esos empresarios también estudian con avidez la lengua española, economía latinoamericana y temas relacionados. No desconocen que Latinoamérica representa un mundo de oportunidades y se preparan con entusiasmo para explorarlas.
REIJO MANTYOJA Y NORPE
Norpe es un uno de los tantos casos dignos de admiración. Hablar de Norpe en Finlandia es hablar de calidad y prestigio en la rama tecnológica de la refrigeración. Norpe produce para los mercados locales y para la exportación (con oficinas de venta en varios países europeos). Sin embargo, Norpe como muchas otras empresas finlandesas nacieron microempresarias, sin mayores recursos, con múltiples limitaciones. Eso sí, siempre estuvieron acompañadas de hombres y mujeres que con gran ánimo, sudor y empeño, se comprometieron a conquistar el éxito, día con noche y noche con día.
Reijo Mantyoja (82) fundó Norpe, hace ya casi 50 años. Su pequeña empresa se inició con la producción de enfriadores y exhibidores para pulperías y misceláneas, en una época de posguerra en que buen número de microempresas se dedicaban a la misma actividad. Don Reijo gentilmente accedió a compartir algunas de sus experiencias con el suscrito, no sin dejar de llevar a la mesa de conversación -lo que es típico en la hospitalidad finlandesa- bocadillos basados en silli (pescado crudo), pan de centeno, varios tipos de quesos, una buena oferta de bebidas (que incluyó, por supuesto, el tradicional vodka y los digestivos lapones hechos de frutillas). Además, el programa contemplaba una visita a la sauna (que en Finlandia resulta tan común como jugar al béisbol de patio en Nicaragua). En esa ocasión todo estaba bien para el suscrito, menos la sauna, cuarto cuya temperatura supera los 80 grados centígrados. Desdichadamente quien escribe se enfrascaba en una batalla contra una incipiente gripe, y el capítulo de la sauna incluye salir de la casa -con las pieles desprovistas de todo atuendo- al aire libre, rodar por la nieve en los jardines, zambullirse en algún hueco de agua friolenta y luego regresar al cuarto de sauna. Y esta ceremonia debe repetirse varias veces. Pero en los negocios como en la política, las costumbres sociales -acompañadas de aperitivos- son ingredientes importantes. De ahí que, para conversar a profundidad con don Reijo, fuese menester –agradable por cierto- degustar trocitos de silli báltico y una que otra copa espirituosa lapona y, sobre todo, comprometerse a visitar la sauna del anfitrión en otra oportunidad.
Abunda el material para escribir. El Sr. Mantyoja es una enciclopedia práctica. Su experiencia de 60 años se resume en dos palabras: corazón y entrega. Procedente de una familia de escasos recursos, como muchas en la Finlandia de los años 20, don Reijo se inició con las uñas y se auxilió con revistas de la época (que llegaban de Suecia), para aprender los gajes del oficio. Percibió que en los años 60 su nicho no sólo estaba en su nativa Finlandia. Así que decidió salir, guiado por su corazón, conocimientos y grandes deseos de superación, a conquistar nuevos mercados. Recorrió Alemania, Francia y otros tantos países, y tocó a las puertas que fueran necesarias hasta encontrar los más calificados distribuidores para sus productos. Autodidacta, aprendió el alemán, inglés y un poco de español. También se percató de que cada país, cultura, consumidor tiene sus gustos, peculiaridades. De forma que Norpe produjo a la medida del cliente, según el mercado, según la época. Don Reijo asegura que la base del éxito está en querer hacer bien las cosas y, sobre todo, en investigar, aprender. Agrega que el buen empresario es optimista, líder, creador, autodidacta. Para don Reijo, no hay secretos. El secreto está en entregarse con el corazón, al cien por ciento, y perseverar, seguir adelante creando, innovando, adaptándose a situaciones nuevas.
A sus 82 años, uno de los pioneros de la tecnología de la refrigeración finlandesa, Reijo Mantyoja ha patentado un par de sus inventos en países como Alemania y Finlandia, cuyos derechos vendió recientemente a la empresa que fundó. Apura una copa de ron nica (al que encuentra tan fino como el coñac), y suavemente repite -mirando con una indescriptible dulzura a los ojos de su amada esposa Sorja- “no hay secreto, lo que hay es corazón y entrega. Lo demás, como escribe el poeta, se hace andando, golpe a golpe, día con noche y noche con día”.
(*) Encargado de Negocios a.i. en Finlandia.