Jorge [email protected]
El primero de mayo, Día Internacional del Trabajo, pudimos ver por televisión que en varias capitales del mundo, pequeños grupos de personas decidieron libremente utilizar ese día para manifestarse —violentamente, en algunos casos— en contra de la globalización. En Cuba fue diferente. Una ordenada y multitudinaria manifestación de cientos de miles de personas acudieron ese día a la Plaza de la Revolución. ¿Voluntariamente? Por supuesto que no. Bien se sabe que en el “paraíso comunista” no depende del individuo decidir entre si ir a la manifestación o aprovechar el día feriado para ir a la playa o para visitar a la abuelita. Ahí es el sistema el que dispone que hay que ir a la plaza y punto.
Siento pena por los miles de cubanos que tuvieron que asistir —banderita en mano— a un evento que, muy probablemente, les importa un pito. Pero más pena siento aún porque los pobres tuvieron que escuchar… y aplaudir (“el que no brinque es contra”, ¿recuerdan?) la sarta de disparates que dijo el dictador vitalicio Fidel Castro, en un discurso inusualmente corto. Castro ya tiene una nueva bandera: ¡Muerte al ALCA! Con 42 años de experiencia en el poder, sabe muy bien que a las multitudes es fácil persuadirlas —cuando no hay libertad de prensa, como sucede en Cuba— de que la causa de su miseria está más allá de sus fronteras. Primero el embargo; ahora el ALCA. ¿Y el villano? El mismo de siempre: Estados Unidos.
El mensaje central del discurso de Castro fue que: “…el llamado Acuerdo de Libre Comercio de las Américas… conduce inexorablemente a la anexión de América Latina a los Estados Unidos.” Y por consiguiente… “¡Evitemos la anexión… Sembremos conciencia del peligro y de lo que significa el ALCA.”
Bajo la lógica de Castro debe suponerse entonces que México está ya anexado a los Estados Unidos, porque esos países firmaron un tratado de libre comercio en 1994. De nada le sirven a Castro las estadísticas que demuestran cuánto se ha beneficiado México de ese tratado, y hasta donde todos conocemos, México sigue siendo tan soberano, libre e independiente como antes de la firma. De hecho pudiéramos decir que es más libre, porque al producir y exportar más, disminuye su dependencia financiera y económica del exterior.
Ahora bien; ¿es acaso importante para nosotros lo que piensa Castro? Claro que no. Lo importante es ver quiénes aquí son los que piensan tan disparatadamente como él, y lo que significaría para Nicaragua tener un gobierno de “enemigos del ALCA”. De momento, en todo el hemisferio sólo hay un gobernante que le hace coro al dictador cubano: el Presidente Hugo Chávez de Venezuela, que a pasos agigantados está llevando a su país al desastre. Se sabe que Chávez, que se considera a sí mismo la reencarnación del Libertador Simón Bolívar, se opone al ALCA porque su sueño mesiánico es la creación de una sola república latinoamericana que pueda tratarse al “tú por tú” con los Estados Unidos, y considera que el ALCA es contrario a sus alucinaciones.
Y si aquí llegara Daniel Ortega a ganar en noviembre (toc, toc, toco madera), pues ya habrían tres gobernantes opuestos al ALCA y, ¿a favor de qué? No lo sé. Quisiera escuchar a esas tres lumbreras proponer algo mejor que un libre mercado de 800 millones de personas. Que yo sepa, ni Ortega ni el Frente Sandinista se han manifestado, de momento, a favor del ALCA, y justo es decirlo… tampoco en contra. Pero conociendo la filosofía política de ese partido, y más importante aún, sus acciones mientras fue gobierno, no creo que vea con entusiasmo la idea del ALCA.
Sin embargo, no me sorprendería ver que, por estrategia electoral, el Frente Sandinista adoptara una posición indefinida de “sí, pero…” para no asustar, no tanto a sus seguidores, como a la comunidad internacional. Pero no hay que engañarse. Basta escuchar y leer a algunos de sus conocidos simpatizantes como para darnos cuenta de que la posición del Frente Sandinista tiene que ser contraria al libre comercio, ¿o es que en ese tema Daniel Ortega está en desacuerdo con su “querido Fidel”? Lo dudo.
La globalización y el ALCA no son más que manifestaciones de los avances tecnológicos de la humanidad y de la necesidad que existe de expandir el libre comercio para beneficio de todos los países. Afortunadamente, en América Latina son muchos más los gobernantes que están conscientes de que, o entramos al ALCA o nos vamos al ca…
* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.