Cheryl J. Haar [email protected]
Como matagalpina que soy y por lo orgullosa que estoy de mi bella ciudad también tengo derecho de criticar ciertas construcciones que en realidad no están muy bien vistas por nosotros mismos. En la edición (de LA PRENSA) del 2 de mayo corriente, el señor Omar Maradiaga Arroyo hace énfasis sobre lo antes mencionado, el alcalde tiene que velar porque Matagalpa se embellezca cada día más y haya más lugares donde las familias puedan recrearse.
Pero me veo en la obligación de aclararle al señor Maradiaga sobre el “corralón” que dice que rodea a la Iglesia Molagüina. No es competencia del alcalde de Matagalpa ni de ninguna autoridad municipal eliminar dicho corralón —me refiero al enverjado cuya construcción se pudo llevar a cabo gracias a la contribución de la feligresía matagalpina.
Esta decisión es del gobierno eclesial de Matagalpa (Iglesia Católica), por medio de su representante, nuestro querido Obispo Monseñor Leopoldo Brenes. No veo por qué el gobierno municipal tenga derecho de destruir algo que nosotros mismos hemos construido aportando un granito de arena para proteger la Iglesia Molagüina, que en años anteriores había estado muy abandonada.
Ahora que la Iglesia se preocupa por esto, ¿cómo es posible que se le sugiera al alcalde que derribe esta construcción si es propiedad única y exclusivamente de la Diócesis de Matagalpa? Como dije anteriormente, quien tiene que decidir si se destruye o no es la Iglesia misma, y más que todo, los católicos matagalpinos.