Efraín Payán L.
Una concepción de cúpulas, un padrastro cariñoso: un hijo mongolito no deseado y en situación de riesgo. En resumen, esa es la triste historia de un colegio de periodistas y que fue votado por unanimidad en la distinguida Asamblea Nacional por los señores representantes del pueblo.
La idea de un colegio de periodistas surge de la Unión de Periodistas de Nicaragua y es fecundada por la ex dirigencia de la Asociación de Periodistas de Nicaragua.
La Asamblea Nacional acoge en su seno el Anteproyecto de Ley y lo archiva; el tiempo pasa, los padres del proyecto no priorizan su gestación; el feto del colegio no desarrolla su potencial de vida por falta de nutrientes, se asfixia dramáticamente y, en esas agónicas circunstancias, la Asociación de Periodistas Parlamentarios de Nicaragua conoce del caso, se apiada del anteproyecto y decide insuflarle vida y esperanzas al fruto no de sus entrañas; “El Colegio de Periodistas debe de ver la luz para beneficio del periodismo nacional”, se dicen para sí.
En los albores del nacimiento del denominado Colegio de Periodistas, los padres “biológicos” se enteran que el hijo de sus semiclandestinas pasiones está por nacer con el apellido de la organización de periodistas parlamentarios y no aceptan el hecho; por ello, nuevamente unen esfuerzos, ahora para tapar su no beligerancia y, en una febril actividad contra reloj, apelan ante el Ejecutivo para que vete la Ley Creadora del Colegio y se corrija el olvido paternal que les aflige: Ante todo, la reputación es primero, ¡que caray!
Pero, como siempre sucede en los casos en que se hacen las cosas a última hora, el más débil es quien paga los platos rotos: el hijo de la semiclandestinidad, el hijo olvidado, el hijo adoptado con amor por los periodistas parlamentarios, ha nacido con una tara muy visible: No ríe, ni causa risa, los movimientos de sus miembros superiores e inferiores no son acordes y son deformes si se les compara con los miembros de un niño común, el articulado permanente y los artículos transitorios no armonizan entre sí, no se coordinan: ¡Que pena, el Colegio de Periodistas es una aberración!
Los padres APN se asustan y repudian al hijo de sus entrañas; los padres UPN se apenan de su híbrida creación pero creen que con una operación estética el mongolito podría ser presentado en sociedad; el padre adoptivo ADPPDN muy amoroso clama porque le oficialicen a su hijo tal a como fue parido por la distinguida Asamblea Nacional. ¿Quién quiere a un colegio así?
* El autor es presidente de la Asociación de Periodistas de Nicaragua APN.