- En mayo de 1986, Otto Reich, el guerrero de la contra-propaganda de la administración Reagan, dejó el cargo de Director de Diplomacia Pública para América Latina y el Caribe, en el Departamento de Estado, tras corroborar que en pocos meses había cambiado la correlación de fuerzas en su contra. Varias señales precedieron su salida
Roberto Fonseca L. [email protected]
Tercera y última entrega.- Los dos primeros meses del año 86, Otto Reich recibió señales inequívocas de que la estrella de la “buena fortuna” había dejado de brillar en su oficina del Departamento de Estado. En un abrir y cerrar de ojos, el cubano-norteamericano, ahora de 41 años, pasó del éxtasis de la victoria, a la agonía de la derrota.
La primera señal llegó con el Año Nuevo, en enero de 1986, cuando junto a Elliot Abrams, Ayudante del Secretario de Estado para los Asuntos Interamericanos, tuvo que discutir y formular una propuesta oficial sobre “el futuro” de la oficina del Coordinador de Diplomacia Pública para América Latina y el Caribe (más conocida por las siglas S/LPD), que desde julio de 1983 dirigía Otto Reich.
Dicha oficina, creada a instancias de la cúpula de poder de la administración Reagan y adscrita al propio Secretario de Estado, estaba sometida a un intenso debate público en los medios de comunicación, que gozaba de simpatía y apoyo por parte de algunos congresistas.
La crítica más severa es que la S/LPD estaba violando la ley, ya que ésta prohíbe a la Agencia de Información de los Estados Unidos (USIA), divulgar y distribuir materiales “propagandísticos” entre el pueblo norteamericano. Es decir, le prohíbe hacer “propaganda”. Esa observación la formuló el influyente Washington Post, en 1985, y se desató la tormenta. Reich y su oficina de contra-propaganda se colocaron entonces en el huracán.
LE BAJAN EL RANGO
El 28 de enero de 1986, en un documento identificado como “Action Memorandum” (suscrito por Abrams y Reich), dirigido al Subsecretario de Estado, Eagleburger, se abordó el futuro de la oficina S/LPD y se presentaron dos opciones: dejarla adscrita a Eagleburger o trasladarla al Buró de Asuntos Interamericanos (ARA).
“Otto y yo hemos discutido este tema con Nick Platt. Nick considera que la oficina de Otto debería ser transferida a ARA. Otto y yo recomendamos que la S/LPD retenga su identidad en la oficina de la Secretaría para mantener su prestigio y para preservar su independencia de nuestras operaciones ARA normales”, refieren en la citada carta calificada de “Confidential” (“Confidencial”) y desclasificada el 24 de enero de 1989.
“Esta pregunta organizacional necesita una pronta resolución, porque la decisión influirá en la selección del sucesor de Otto”, añaden. Al respecto, cabe señalar que se escogió a Robert W. Kagan.
Los autores del memorándum insistieron en que “no veían beneficio alguno” en la transferencia a ARA, además, que “será interpretado por casi todo el mundo –‘amigos’ y similares- como una significativa degradación burocrática de la oficina; algo coincidente con la partida de Otto y la llegada eventual de su sucesor”, dice la copia obtenida por LA PRENSA.
Recordaron al respecto que la oficina fue creada en junio de 1983 por insistencia de la Casa Blanca y del Consejo Nacional de Seguridad. Incluso, refirieron que el propio Shultz y Eagleburger “lucharon duro” para ponerla al amparo del Eagleburger, el segundo al mando en política exterior en esa época.
En ese entonces, 1983, la S/LPD tenía dos o tres funcionarios en planilla, en cambio cuatro años después, registraba 21 posiciones de “tiempo completo”, de las cuales doce eran de personal transferido la AID, USIA y del Departamento de Defensa (DOD).
“Finalmente, y lo que es más importante, la Administración se ha embarcado en una importante campaña para ganar un mayor apoyo para nuestra política y programas hacia Centroamérica, que fluyen de ella. Una transferencia de la S/LPD, a nuestro juicio, enviaría una señal a los críticos y seguidores en un momento cuando deberíamos enfocar toda nuestra energía sobre cómo alcanzar las metas del presidente”, indicaron.
Por tanto, su recomendación estaba encaminada a mantener la S/LPD adscrita a la oficina del Secretario de Estado.
Semanas después, en la línea correspondiente a “Desaprobado”, quedó escrito un check y una firma. La moción de Abrams y Reich fue así derrotada.
LA SEÑAL DEL DINERO
La segunda señal llegó de la mano del dinero. En diciembre de 1985, Reich suscribió e hizo llegar a sus superiores su proyecto de Presupuesto para el año fiscal 86. En la justificación, el funcionario insistió que la S/LPD trabajaba con otras agencias gubernamentales, produciendo “importantes documentos” que contribuían a cambiar la percepción sobre la política norteamericana en Centroamérica.
También hizo referencia a que en el año fiscal 85, clave en el debate y suministro de ayuda a la contra, “las operaciones se extendieron de forma mesurada, sin un incremento en el staff (personal)”, debido en parte a que el Departamento de Defensa les había proveído de seis oficiales militares, que trabajaban de forma temporal y sin remuneración. Ellos manejaban la “información sensible” de inteligencia que era desclasificada alrededor de las aventuras políticas y militares del sandinismo.
Citando un ejemplo, revelaba que en 1985 fueron distribuidas 60,000 copias en inglés del documento “La conexión soviética-cubana en Centroamérica”, del cual planeaban hacer una nueva reproducción de 2,000 a 15,000 ejemplares en el año fiscal 86, dependiendo de su demanda.
Además de las publicaciones, otro rubro importante era disponer de fondos para apoyar a “desertores” sin recursos, pero que disponían de “información útil” para la formulación de políticas y que cumplían un rol importante, a través de testimonios personales ante el público norteamericano.
Para ellos, Reich demandaba una partida anual de 40,000 dólares, a razón de por lo menos 8,000 dólares anuales por desertor. Con ese monto, superior en 25,500 dólares al año anterior, se cubrirían gastos correspondientes a comida, viajes, y seguridad síquica, vital para estos “voceros” de la situación de los derechos humanos en Nicaragua.
En total, Reich pidió 1.485,430 dólares para el año fiscal 1986, cifra que representaba un incremento de 555,621 dólares con respecto al año fiscal anterior.
Los rubros que demandaban más recursos eran: Costos de impresión (400,000 dólares), Servicios profesionales (léase planilla, 375,000 dólares), Gastos de Viajes (211,000 dólares) y Servicio Telefónico (105,000 dólares). En horas extras, presupuestaron 63,500 dólares.
EL DESENGAÑO
En febrero de 1986, pocas semanas después de que Reich envió el proyecto presupuestario, le llegó la última señal. Le informaban de que “los fondos de operación de la S/LPD se habían agotado”, y por tanto, para el año fiscal presente, sólo disponía de 237,000 dólares. “Este es un recorte de casi el 400%”, escribió Reich con amargura, en una carta de protesta fechada el 19 de febrero de 1986, ya que tenían “obligaciones” más allá de esa cifra.
En la carta enviada al Secretario Shultz, afirmaba que el personal a su cargo vino trabajando desde 1983 por apoyar la labor del Secretario de Estado y del propio Presidente Reagan, para “convencer a los incrédulos de la sabiduría de nuestra política”.
“Si el mismo corte del 400% se impone en otras partes del gobierno de EE.UU. que están comprometidas en apoyar la política de Centroamérica del Presidente, queremos desearle a usted y al Presidente toda la suerte del mundo (dado que esto parece ser la única fuente que se les ha dejado) en sus esfuerzos por evitar la consolidación de una dictadura comunista pro soviética en el continente de las Américas”, concluyó escribiendo Reich.
En mayo de ese año, su sucesor, Robert W. Kagan, asumió el timón del barco que hacía aguas.
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